Jun 09
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Hola de nuevo. Siguiendo con mi recapitulación de esta novela de Auster y ahora que sabemos de qué título se trata vamos ir un poco más allá en su lectura. Veremos si conseguimos hacer que el bueno de Paul venda algún ejemplar más de uno de sus relatos más inquitantes, “El país de las últimas cosas”

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“Las consecuencias resultan muy curiosas, a menudo son lo contrario de lo que esperas. La verdadera desesperación puede convivir con el ingenio más asombroso; surgen la entropía y el florecimiento. Como quedan tan pocas cosas, ya no se tira casi nada y han encontrado aplicaciones para materiales que antes despreciaban como basura. Todo esto tiene que ver con una nueva forma de pensar. La escasez conduce la mente hacia nuevas soluciones y uno se descubre dispuesto a abrigar ideas que antes nunca se le hubieran ocurrido. Tomemos el ejemplo de los desperdicios humanos, literales desperdicios. Aquí las instalaciones sanitarias ya no existen, las tuberías se han corroído, los inodoros se han roto y tienen pérdidas, el sistema de cloacas hace tiempo que desapareció. Para que la gente no se las arregle como pueda y disponga de sus heces de cualquier modo, lo que pronto conduciría al caos y a epidemias, se ha creado un sistema por el cual una patrulla nocturna de recogida de desperdicios recorre cada barrio. Pasan por las calles tres veces al día arrastrando y empujando sus máquinas oxidadas sobre el pavimento ruinoso, haciendo sonar campanas para que la gente del barrio salga a la calle y vacía sus cubos en el depósito. El olor, por supuesto, es insoportable, y cuando el sistema se puso en marcha los único que querían hacer este trabajo eran prisioneros, a los cuales se les ofreció la dudosa opción de una sentencia más larga si rehusaban y una más corta si aceptaban. Sin embargo, las cosas han cambiado desde entonces y los “fecalistas” ahora tienen el estatus de funcionarios públicos y se les concede una vivienda equivalente a la de la policía. Es lo más justo, supongo; si este trabajo no tuviera alguna ventaja, ¿por qué iba a hacerlo alguien? Esto demuestra lo competente que puede llegar a ser el gobierno bajo ciertas circunstancias. Cadáveres y mierda; cuando se trata de desterrar los peligros para la salud, nuestros administradores son verdaderos romanos en su organización, un modelo de lucided y eficiencia.”

Jun 09
Wolfy       1 barquito2 barquitos3 barquitos4 barquitos5 barquitos (2 votos) Loading ... Loading ...

Hola a todos los visitantes de este blog. Hoy me encuentro con fuerzas (al fín) de dejar un pedacito de una de las novelas de Paul Auster, un autor del que muchos han oído hablar pero pocos han leído (hablo de mi entorno); por el momento no diré el título ya que mi idea es incluir 2 o 3 pasajes de cada una y desvelarlo al final.

Aquellos osados que acudan a Google para buscar el título, haciendo un paste del texto, no creo que sean merecidos lectores de la obra Auster, aunque quizás sí sean, sin saberlo, los que más beneficio obtengan devorando sus libros. Porque casos se han visto… y los que quedan por verse!

Otras muertes son más dramáticas. Están los “corredores”, por ejemplo, una secta que corre por las calles a la mayor velocidad posible, sacudiendo los brazos de una forma salvaje, golpeando el aire, gritando con todas sus fuerzas. Casi siempre van en grupos, seis, diez, incluso veinte, arrojándose juntos a la calle, sin hacer un solo alto en el camino, corriendo y corriendo hasta caer de agotamiento. La cuestión es morir los más pronto posible, forzarse a sí mismo hasta el punto en que el corazón no pueda más. Los corredores dicen que nadie se atrevería a hacer esto en solitario. Al correr juntos, cada miembro del grupo es arrastrado por los demás, animado por los gritos, conducido al frenesí de una resistencia autodestructiva. Resulta irónico, pero para poder matarse corriendo, primero hay que entrenarse para ser un buen corredor, de lo contrario nadie tiene la fuerza para llegar lo suficientemente lejos. Los corredores, sin embargo, sufren una ardua preparación antes de alcanzar su destino y si se caen antes de llegar a ese destino, saben cómo levantarse de inmediato para proseguir. Supongo que es una especie de religión. Tienen varias oficinas en la ciudad, una en cada una de las nueve zonas censadas, y para unirse a ellos es necesario cumplir una serie de complicados requisitos previos: aguantar la respiración debajo del agua, hacer ayuno, poner la mano en la llama de una vela, no hablar a nadie durante siete días. Una vez que uno ha sido aceptado debe someterse a las reglas del grupo, lo cual supone de seis a doce meses de vida comunal, un programa estricto de ejercicios de entrenamiento y la reducción progresiva del consumo de alimentos. El individuo está preparado para la carrera de la muerte en el momento en que alcanza, de forma sinmultánea, su mayor grado de fortaleza y debilidad. En teroría podría correr indefinidamente; pero, al mismo tiempo, el cuerpo ha consumido hasta sus últimos recursos. Esta combinación produce el resultado deseado: el día señalado, uno sale temprano con sus compañeros y corre hasta que logra escapar de su cuerpo, corre y grita hasta que remonta el vuelo fuera de sí mismo. Por fín, el alma se escabulle hacia la libertad, el cuerpo cae al suelo y uno muere. Los corredores proclaman que su método resulta infalible en más del noventa por ciento de los casos, lo cual significa que casi nunca es necesario repetir la carrera de la muerte.”