Gran Torino, Gran Eastwood

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Dicen que esta será la última película de Clint Eastwood como actor y una de las últimas como director. Espero que se equivoquen, que haga muchas más como ésta (hasta que el cuerpo aguante) ya sea como actor o como director, porque simplemente Clint Eastwood llena la pantalla en cada película en que aparece o que dirige. Es puro cine. En esta ocasión, y tan solo tres meses después de presentarnos “El intercambio”, nos regala esta película sencilla (que no simple), bien hecha y perfectamente interpretada. Rodada en tan sólo 33 días (dos por debajo de lo previsto) e ignorada en los grandes festivales y entregas de premios, ha sido la cinta que mayor recaudación ha obtenido en la carrera del veterano actor y director estadounidense.

El personaje principal, Walt Kowalski (Clint Eastwood), es un veterano de la guerra de Corea que ha perdido recientemente a su mujer. Antiguo trabajador en una fábrica de Ford, de carácter duro, racista y cascarrabias, vive en un barrio de Michigan rodeado por inmigrantes asiáticos, a los cuáles odia con todo su ser. Su relación con sus dos hijos es prácticamente nula (es desternillante como le echa en cara a uno de ellos que se haya comprado un Toyota) y su única compañía estable son la cerveza y su perra Daisy. Su posesión más preciada es su coche, un Ford Gran Torino del 72, que cuida como si fuera la niña de sus ojos. Precisamente el intento de robo del coche por Thao (Bee Vang), un adolescente que vive en la casa de al lado hará que, tras las primeras fricciones, ambos entablen una gradual y hermosa amistad.

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El guión del desconocido Nick Schenk parece hecho a medida de Eastwood en esta dicen, su última actuación delante de la cámara. El personaje de Walt Kowalski es un resumen de todos los grandes papeles que ha protagonizado: la dureza de Harry el Sucio, la amargura y el pesar de William Munny de “Sin Perdón”, la figura del maestro que enseña al alumno presente en “Million Dollar Baby” o la ternura del fotógrafo enamorado de “Los Puentes de Madison”; y sin embargo no es una mezcla sin más, sino un personaje único, una versión actualizada del lobo estepario que se transforma a lo largo del metraje para pasar del odio más visceral a la comprensión, más tarde a la amistad y finalmente hasta al sacrificio. “Gran Torino” habla de la amistad, de la tolerancia con los otros, de la diferencia que nos une y nos separa y de cómo superar los propios miedos.

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Nadie mejor que Eastwood, de vuelta de todo, para narrar con gran pulso esta historia intensa y valiente, con un final sorprendente y emotivo. Una película emocionante, no exenta de humor y con momentos estupendos, entre las cuales destaco cuando Walt echa a su casa a uno de su hijos tras intentar éste meterle en un asilo (es una pena pero si véis el trailer la encontraréis) y una al final cuando los hijos se quedan con un palmo de narices, no doy más detalles. Relaciones entre padres e hijos, como la vida misma… En fin, señor Eastwood, espero que siga al pie del cañon muchos años y nos deje películas tan estupendas como ésta. Yo al menos seguiré yendo al cine para verlas.

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5 Comentarios

  1. Lucía
    16 Marzo, 2009
  2. Jordelgar
    16 Marzo, 2009
  3. jose87
    16 Marzo, 2009
  4. La Cristi
    16 Marzo, 2009
  5. rosibel
    15 Abril, 2009

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