Larry Crowne, que no os vendan la moto.


Protagonizada por Tom Hanks, pero al parecer escrita y dirigida por su alter ego, el mismísimo Forrest Gump, esta película es un insulto para todo aquel que alguna vez en su vida se ha puesto escribir sobre un papel en blanco tratando de dar un mínimo de coherencia y credibilidad a su relato.

Quizás por eso, para marcar la distancia y evidenciar mi respeto por el noble arte de la escritura, me he devanado los sesos buscando una frase que defina en pocas palabras lo que ayer vi en el cine: Un zurullo montado en una scooter.

La cómplice de este ¿guión? no es otra que Nia Vardalos, nominada al Oscar por perpetrar el de “Mi gran bodrio griego”, comedia exitosa producida precisamente por Tom Hanks. Una mujer a la que, visto lo visto, yo no acabo de coger el tranquillo. Dicen que su estilo es naif, pero en mi pueblo a eso lo llaman tonto.

El “emocionante y cautivador” discurso final de la película sonrojaría al más mediocre vendedor de crece pelos de la España de postguerra por banal y pretencioso. Hay varias escenas como esa que son de vergüenza ajena, y la mayoría de personajes parecen sacados de Radio La Colifata, lo cual no estaría mal si se mantuvieran en ese registro durante todo el metraje, pero por desgracia su inteligencia y manera de ser podía variar en función de cómo se hubieran vestido, peinado, de lo que hubieran bebido o del viento que soplase en el interior del espacioso cráneo de los guionistas.

Supongo que sin embargo no sería tarea difícil convencer a la productora de realizar este proyecto, más aun diciendo que traía de la mano a su amiga Julia Roberts. Eso y sólo eso debe explicar que haya visto la luz. Por cierto, está claro que la estupenda Julia valora mucho la amistad porque hay que hacerlo para interpretar el papelón que le han dado. Lo mejor de la película es lo bien que se conserva ella, que me invitaron por cortesía de un blog de película y también algún que otro gag que ya me habían reventado en el tráiler.

Sabía dónde me metía, y no soñé siquiera con emocionarme con una sola escena. Lo que no imaginaba es que al final perdería la cuenta de las veces que exclamé para mis adentros ¡PQC! (WTF! para los que hablen inglés)

Eso sí, reconozco que mucha gente en la sala parecía pasarlo bien. Será que con la edad me estoy volviendo un tiquismiquis… o será que tengo el don de reconocer al instante un zurullo montado en una Scooter.

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2 Comentarios

  1. De Cabo
    2 octubre, 2011
  2. Ikeisenhower
    2 octubre, 2011

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