Cómo entrar a una tía


Algunos lo tienen y otros no. Es un don. De procedencia genética según los investigadores darwinistas. De procedencia divina según los benedictinos dieciseisavos. De procedencia desconocida para los vagos sin ganas de indagar.

Si lo tienes tu vida no es necesariamente más fácil, pero seguro que sí más entretenida. Te abre puertas, te abre piernas, y yo te habré de envidiar.

Los que lo tienen no lo aprecian, los que no lo tienen nunca lo podrán conseguir. Está o no está. Binario total. Si no está y parece que está, vinario total.

En definitiva hay gente que sabe y gente que no sabe cómo entrar a un tía.


Por si el hecho de escribir un blog, y mi querencia hacia las historias de perdedores suavizadas con humor no me había delatado. Yo soy de los que no tiene el don.

Y claro me he dado cuenta que los que lo tienen no saben lo difícil que es ligar sin don. Y las mujeres en general acosadas en la mayoría de los casos por los con don no saben apreciar el trabajo de los más tímidos, los reservativos.

En definitiva, me siento de nuevo en la obligación de hacer una labor de servicio público, explicando a los ignorantes en la materia lo que pasa por nuestra cabeza cuando no sabemos cómo entrar a una tía.

Puede pasar en cualquier momento y en cualquier sitio, pero en aras de la credibilidad situaré la acción en el más típico: la discoteca. Tú estás tan tranquilo agarrado al amigo que nunca te falta, el alcohol. Tu ritmo cardiaco es normal, comentas y te permites hacer bromas sobre lo que sucede alrededor. Y de repente aparece ella. Algo te llama la atención. Si tuviera que adivinar el qué, podría ser su sonrisa, su mirada, su gesto simpático o sus mejillas sonrosadas. Ahora que si tuviera que apostar, diría que podrían ser sus tetas. El caso es que estás emocionado, epatado, enamorado y hasta empalmado si te pilla en un día alegre. Nada nuevo. De eso se trata salir para un hombre que no sabe cómo entrar a una tía: de epatarte, de emocionarte, de enamorarte, y en lo que nosotros denominados “noche loca de sexo” de empalmarte. Eso sí, sexo sin compromiso. Que en nuestro lenguaje quiere decir sin siquiera haberte acercardo a menos de tres metros de ella.

La cosa se complica si te mira cuando la miras. Al principio siempre piensas que te han pillado “in fraganti”, no le das importancia, te ruborizas y poco más. Pero a veces sucede algo mágico, o trágico… dependerá del desenlace. La vuelves a mirar y allí sigue su mirada. Sostenida, sola o acompañada de una sonrisa cómplice. Aumenta tu ritmo cardiaco, aumentan tus espasmos intestinales, disminuye el tamaño escrotal. Síntomas claros. Enfermedad diagnosticada: acojone pre partido.

Y es que a no ser que seas un anacoreta o una anarquista, hay convenciones sociales que no te puedes saltar. Ésta es una de ellas: si la chica que te gusta te mira prolongadamente la tienes que entrar.

Lo malo es cuando no sabes cómo entrar a una tía.

Tus dos primeros problemas el timing y el approach. En cristiano, cuando entrarla y qué decirle.

(continuará)

Tags:

Artículos relacionados

Acerca del autor

3 Comentarios

  1. Rulo
    24 noviembre, 2010
  2. De Cabo
    24 noviembre, 2010
  3. charly
    25 noviembre, 2010

Deja tu comentario

Mostrar
Ocultar