El origen de la celebración del cumpleaños


Como creo que ya habéis visto, hoy estamos de aniversario. Soy de las que empecé hace un añito con el Sr. DeCabo y gran parte del resto del equipo y estoy muy contenta de celebrarlo con ellos y con todos vosotros. Yo por mi parte espero seguir aquí muchos más, unas veces delante contando lo que se me ocurre, otras detrás intentando mejorar cada día el aspecto y creando nuevos diseños para las secciones que vamos incorporando.
Hoy, aprovechando la fecha que celebramos y siguiendo la línea de mitologías, costumbres y leyendas, voy a intentar recoger de donde viene todo esto de celebrar con tartas, velas, etc… en las ocasiones señaladas.

Parte de lo que os cuento, lo recogió Charles Panati en su libro “Las cosas nuestras de cada día”.

Según la tradición occidental, lo que se celebraba eran los aniversarios de la muerte de las personas, que para ellos eran mucho más importantes.

La procedencia de celebrar los aniversarios del nacimiento viene de Egipto, y más tarde Babilonia, donde solamente eran registrados y celebrados los cumpleaños de los niños varones y pertenecientes a la realeza. La única mujer con fiesta de cumpleaños era la reina.
Las primeras celebraciones recogidas fueron las de los faraones alrededor de 3000 a.C., que consistían en brillantes fiestas en palacio en las que tomaban parte sirvientes, esclavos y hombres y mujeres libres, e incluso se ponía en libertad algún preso de las cárceles reales.
Plutarco, en el siglo I, escribió sobre la celebración de cumpleaños de dos mujeres: Cleopatra II, que recibió como regalo más macabro los restos de su hijo asesinado y descuartizado a manos de su marido (que era a la vez su hermano) y Cleopatra IV que realizó una fiesta por todo lo alto colmada de regalos para todos.

Grecia tomó esta tradición egipcia celebrando los cumpleaños del cabeza de familia, e incorporando un pastel especial a base de harina y miel.
Este pastel provenía del culto a las deidades. Ya en el siglo III a.C. los devotos de Artemisa, diosa de la Luna y de la Caza, la honraban los días seis de cada mes con uno de estos pasteles, redondos como la Luna, en el que encendían velas de cera (su luz representaba la del astro) cuya llama se encargaba ella misma de apagar a través de un soplo de aire que descendía de una especie de ventanuco situado en la parte alta del templo.
Por otro lado, los cumpleaños de las deidades griegas se celebraban con carácter mensual, por lo que cada dios era festejado con doce conmemoraciones al año.

El Cristianismo acabó con aquella costumbre que consideraba que la gloria comenzaba con la muerte y no con la vida, con lo que la celebración del cumpleaños quedó con un caracter pagano hasta que la Iglesia cambió de actitud hacia el siglo IV. Posteriormente, en el siglo XII, se comenzaron a registrar los nacimientos en las parroquias europeas y se volvió a celebrar el cumpleaños, ahora ya no solo el de los varones o cabeza de familia, sino el de todos.

Ya entonces era parte del ritual el apagar las velas del pastel de un solo soplo con la habitación a oscuras. Y eran velas a las que la creencia folklórica dotaba de una magia especial. Desde antiguo se consideraba que las brujas y demonios no podían obrar maleficio alguno contra aquél que tuviese encendida una vela bendecida, y esta creencia se traslada a las velas del cumpleaños con la idea de protección al homenajeado y con la de atraer la buena suerte. Asimismo, los ruidos y aplausos ahuyentaban los malos espíritus que hubiera en la celebración.

La costumbre del pastel de aniversario resurgió entre los campesinos alemanes en la Edad Media, a través de un nuevo tipo de celebración, una Kinderfeste, ofrecida específicamente a un niño o niña (Kind). En cierto modo, esto señaló el comienzo de las fiestas infantiles de cumpleaños, y en muchos aspectos un niño alemán del siglo XIII recibía más atenciones y honores que sus coetáneos de los tiempos modernos. Una Kinderfeste comenzaba al amanecer. El niño agasajado era despertado por la llegada de un pastel coronado con velas encendidas. Estas velas se cambiaban y se mantenían encendidas durante todo el día, hasta que, después del ágape familiar, se despachaba el pastel. El número de velas era igual al de los años que cumplía el niño, más una, que representaba la «luz de la vida». El niño o niña recibía también regalos y seleccionaba el menú para el banquete familiar, pidiendo sus platos predilectos. Nuestra costumbre de pensar un deseo y soplar las velas procede también de la Kinderfeste alemana. Las velas de cumpleaños debían apagarse con un solo soplido, y el deseo, en caso de convertirse en realidad, debía mantenerse en secreto.

Actualmente los cumpleaños se celebran de diferente forma dependiendo del país, pero la mayoría coinciden en la tarta y los regalos.

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Desde el blog de DeCabo lo celebramos ofreciendo lo que hemos venido haciendo durante todo este año, contando cosas de ayer, hoy, curiosidades, noticias y dándoos las gracias por estar ahí.

9 Comentarios

  1. Fabian 9 abril, 2008
  2. Zyrtab 9 abril, 2008
  3. Fabian 9 abril, 2008
  4. Stackhouse 9 abril, 2008
  5. Gothikka 9 abril, 2008
  6. ana 9 abril, 2008
  7. De Cabo 9 abril, 2008
  8. EVELIN 17 noviembre, 2009

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