Ponte gafas, pero no las tuyas.


Supongo que Ramón de Campoamor no tenía un coach, ni tenía una cita con un psicólogo todos los jueves de seis a siete a la que siempre llegaba justo porque apuraba hasta el último segundo en la oficina. Supongo que no asistió a ninguna charla inspiradora de TED, además en aquella época internet debía ir a pedales.

Pero hete aquí que este poeta y filósofo del siglo XIX, vamos lo que viene a ser un perro-flauta con levita, ya decía eso de:

“Y es que en el mundo traidor
nada es verdad ni mentira:
todo es según el color
del cristal con que se mira'”

glass_08

Pues nada, un montón de años después seguimos sin quedarnos con la copla. Nos cuesta entender que el de enfrente vea otra realidad distinta a la nuestra y más aún, que “nuestra realidad” tenga mucho más de “nuestra” que de “realidad”.

Si no hay dos personas genéticamente iguales, ni siquiera los gemelos idénticos, ni hay dos vivencias siquiera parecidas, ¿Por qué iba a haber dos modos iguales de percibir el mundo? Y.. ¿qué nos hace aferrarnos a nuestras percepciones como únicas y auténticas?

Si nuestro punto de vista ya lo conocemos, ¿por qué nos cuesta tanto interesarnos por el de los demás? Y no hablo de interés por constatar que se equivoca, no hablo de entrar en el mundo del otro con el patrón del mío en la mano para comparar y criticar, hablo de curiosidad pura, de adentrarte en la percepción del que tienes enfrente con el mismo entusiasmo, avidez y deseo de conocimiento con el que un astronauta afronta su primera vez en el espacio.

Nuestra singularidad nos ofrece una ocasión increíble para el descubrimiento y la sorpresa, y sin embargo normalmente nos conduce a la frustración, la indignación, la tristeza o el cabreo. Somos unos incomprendidos. Nuestro mundo perfecto sería aquel en el que todos vieran las cosas a través del cristal de nuestras gafas. Entre tener razón y tener un orgasmo, muchos se quedarían con lo primero para obtener placer. Onanistas intelectuales o, como prefería llamarlos mi abuelo, testarudos como mulas.

Y llegados a este punto, si asumimos y aceptamos que hay cristales de diferentes colores a través de los cuales podemos mirar el mundo, ¿por qué no utilizamos el que más nos convenga en cada momento en lugar de aferrarnos al nuestro? A esto se llamaría comúnmente relativizar. Si cogemos el cristal de nuestro interlocutor lo llamaríamos empatizar y si lo que hacemos, es tratar de mirar las cosas a través de la óptica de alguien que nos parece que ha dicho una soberana estupidez…a eso lo llamo abrir tu mente a nuevas oportunidades. “Hay otros mundos pero están en éste” que decía Paul Eluard.

Nada es verdad ni es mentira. Ni siquiera este artículo. Eso sí, si ves a alguien que mira siempre al mundo con una sonrisa, no seas borrico, pídele que, aunque sea por un rato, te preste sus gafas de ver la vida.

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