Lavapiés me mata, por Lavapiés muero


Hola compañeros

He escrito en este blog sobre San Francisco, desde Suiza, tengo pendiente un post de Finlandia, y otro de una moda que descubrí hace poco en Paris, pero hoy os voy a hablar de mi barrio, en el que vivo desde hace 2 años y medio y del que me gustaría compartir con vosotros sus maravillas y sus miserias, que ambas abundan.

Lavapies


Para todo aquel que no lo conozca, Lavapiés es uno de los barrios más castizos de Madrid, y crece alrededor de la plaza del mismo nombre que aparece ya en el plano de Pedro Teixeira de 1656. Pero la existencia del barrio es mucho más antigua, ya que este barrio en los siglos XIV y XV era la judería de Madrid, un sitio próspero de artesanos y comerciantes, hasta que nuestros católicos reyes Isabel y Fernando decidieron expulsarlos de España. De hecho el nombre de Lavapiés parece proceder de una fuente en la que los judíos se lavaban los pies antes de entrar a la sinagoga que se encontraba en la calle conocida actualmente como de la Fe.


El barrio con el tiempo se convirtió en refugio de inmigrantes de todos puntos de España, gente humilde que se acercaba a la capital en busca de fortuna, por lo que durante los siglos siguientes nunca perdió su toque de pobreza digna y marginalidad, que quedó reflejada en sus edificios más típicos, las corralas, convertidas en símbolo de Madrid.


Durante la etapa posterior a la guerra civil la situación del barrio fue a peor en términos de miseria y abandono. Dos ejemplos son las Escuelas Pías, que un incendio las dejó medio en ruinas nada más empezar la guerra y que no fueron reconstruidas hasta el 2002, y la fuente de Cabestreros, en la que, que yo sepa, está la única referencia a la República Española que podemos encontrar en un edificio público, tal era el abandono de la zona que nadie se preocupó en borrar la inscripción como se hizo en el resto de edificios.

Corrala

El estado del barrio fue aprovechado por inmigrantes extranjeros para buscar su sitio en Madrid, y por el movimiento okupa, que tuvo aquí alguno de sus centros más emblemáticos como “El Laboratorio” o “El Solar”. Los edificios okupados casi han desaparecido, pero el espíritu asociacionista y activista de aquellos movimientos sociales (nada que ver con lo que se entiende ahora por okupas) permanece, y es sin duda alguna el sitio de Madrid con mayor movimiento vecinal y cultural de calle.


Esta revitalización, le fue dando poco a poco sangre nueva al barrio y tras pasar momentos difíciles, Lavapiés se ha convertido en una zona de Madrid en donde se mezclan personas de todos los rincones del mundo con madrileños de rancio abolengo, gente que roza la indigencia con gente de alto poder adquisitivo, museos de talla mundial con chatarrerías de las de toda la vida, africanos, pakistaníes, kurdos, asiáticos,… la esencia misma de lo que los anglosajones llaman “melting pot”.


Hoy en día, la especulación inmobiliaria por la situación céntrica de la zona, ayudada por un cierto toque de aire bohemio y “alternativo sin pasarse”, está haciendo que la población más marginal esté abandonando ciertas calles, lo que conlleva una nueva transformación de un barrio que nunca ha dejado de cambiar.


Sin embargo, y a pesar de la imagen idílica que pueda sacarse de un artículo como este, el barrio tiene algunos problemas de limpieza, de inseguridad en ciertas zonas y de cierta falta de “habitabilidad” por su carencia de zonas verdes, plazas de aparcamiento y tráfico imposible.

lavapies_olimpico.jpg

Iniciativas como “Lavapiés Olímpico” intentan protestar de una forma simpática contra estos problemas, y ya en otras ocasiones los vecinos de por aquí hemos demostrado que la presión vecinal acaba surgiendo efecto, como con el famoso y vergonzoso problema de venta de droga en la calle Sombrerería 20, en el que tras varios meses de protesta la casa acabó por ser derribada.


Para un barrio como este no basta un post, haría falta un blog entero, puede que si os gusta este artículo os cuente alguna que otra cosa más del sitio donde vivo, que es un resumen de lo que es Madrid, una ciudad en la que su barrio más castizo tiene una mayoría de vecinos que no son de aquí. Una ciudad y un barrio a los que se odia y se quiere, un lugar que te mata pero por el que te mueres.


Salud y República.

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4 Comentarios

  1. De Cabo
    28 noviembre, 2007
  2. Stackhouse
    28 noviembre, 2007
  3. Bird
    29 noviembre, 2007
  4. Ulyses
    29 noviembre, 2007

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