Los Reyes Magos no son los padres.


Si tienes entre 0 y 8 años y has llegado por casualidad a este blog haciendo búsquedas prohibidas por tus padres, lamento ser yo el que tenga que decírtelo, pero tu mala acción tiene que tener su castigo: los reyes magos no existen.

Si tienes más de 8 años y sigues creyendo en los reyes, eso es que tienes título nobiliario o un candor digno de admiración. En ambos casos, consérvalo si puedes, pese a lo que digan, no te va a venir mal en la vida.

Pues yo sigo creyendo en los reyes, en los reyes magos obviamente, porque la monarquía no es que sea santo de mi devoción… pero eso es materia para otro post.

Llega la Navidad y sigo pensando que al despertar el 6 de Enero voy a encontrarme un regalo sorprendente y maravilloso a los pies de mi cama. Aunque normalmente, y sobre todo después de pasar los quince años, lo que me encuentro son prendas de vestir. Dicen que los niños dicen siempre la verdad, preguntad a los niños si la ropa es un regalo y veréis que os contestan. ¿Por qué seguimos entonces empeñados en regalar vestiduras por Navidad? ¿Por desidia? ¿Por pragmatismo? ¿Por el poderoso influjo de El Corte Inglés? Cada vez que regaláis un calcetín, una camiseta, un jersey de lana hortera o unos zapatos sin ruedas estáis dando pistas a los niños de vuestra familia sobre la dudosa existencia de los reyes magos, y lo que es peor estáis matando un poco más al niño que vive dentro de del adulto receptor de ese regalo.

En el siguiente lugar de cosas que más me han regalado, y que de vez en cuando se regalan a un niño están los libros, las películas y la música. Regaladlos cuando queráis, aunque sea bajándolos de internet, la cultura está fenomenal y no existe un día malo para disfrutarla. Pero no, no lo regaléis por Navidad. Cuando un niño recibe un libro por Reyes puede pensar tres cosas: los Reyes Magos no existen, los Reyes Magos son unos siesos o, peor aún, ¿tan malo he sido este año como para que me regalen “Teo va a la escuela”?. Cuando lo recibe un adulto piensa dos cosas: “este ya lo tengo” u “ojalá venga con ticket regalo para cambiarlo”.

Desde luego, y por encima de todas las cosas, no regaléis cosas sólo porque os gustaban a vosotros. El año pasado le regalé un juego de chapas a mi sobrino y pude ver en sus ojos como Baltasar perdía su color, mientras Melchor y Gaspar se desvanecían. ¿Por qué me han traído esto los Reyes si el año pasado me trajeron una Nintendo? ¿Es esta la crisis de la que hablan mis padres?

Bueno, vale, llegado a este punto es hora de establecer dónde quiero llegar.

Fue Kierkegaard el que dijo: “El placer defrauda, la posibilidad no lo hace nunca”

Traducido a lenguaje navideño, el regalo defrauda, la ilusión por que te regalen no lo hace nunca. Ilusiónate. Regala para jugar. Regala para divertir. Regala para sorprender. Regala para ayudar a pensar a los demás que todo es posible.

¿Por qué pensamos sino que la lotería de Navidad nos puede tocar más fácilmente que la Primitiva que echamos todos los jueves?

Alimenta la ilusión de los demás, la tuya también y, luego, déjate llevar por ella. Piensa que los Reyes Magos sí te van a leer este año la mente y deja de dar patéticas pistas subrayadas en rojo cuando pasas delante de un escaparate más allá del 30 de Noviembre. Pase lo que pase, juega a que todo es posible en Navidad. No pienses en algo práctico. Piensa en algo que con sólo ponerlo en tu mente te haga más feliz. No importa lo que haya a los pies de tu cama el día 6 de Enero, importa lo que haya pasado por tu cabeza y sobre todo lo que vas a hacer para que se haga realidad en el nuevo año que acaba de empezar. No dejes toda la carga en manos de los Reyes Magos, ellos sólo vienen por un motivo, para abrir tu mente. Ahora que ya sabes de verdad lo que quieres… “realmente” sólo depende de ti.

Los padres no son los reyes magos. Eres tú.

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2 Comentarios

  1. De Cabo
    21 noviembre, 2010
  2. india
    23 noviembre, 2010

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