Como sobrevivir a San Valentin


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Hubo un día en la tierra donde las relaciones entre hombres y mujeres eran simples: Si veías una doncella de culo ancho que te gustaba, la tirabas de los pelos hasta el fondo de la cueva, te olvidabas de preliminares y volvía al minuto a cazar el Mamut. Eran otros tiempos que las malas lenguas dicen que he conocido aunque eso no sea de todo cierto. En mi época ya el Mamut había desaparecido. Hubo casos de neandertales con pterosaurios en el estomago una versión más prehistórica de las mariposas pero le abrieron el vientre para ver si era cierto, no lo era, se hizo una barbacoa, no hay que desperdiciar la carne, y se llevo a la enamorada al fondo de la cueva. Asunto cerrado.

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Ahora, imaginaros un obelisco negro, un “fondue encadenado”, ya no estamos en la prehistoria, ni en 2001 sino en 2010. Darwin y su teoría de la evolución, Rimbaud y otros románticos de pelos largos y miradas perdidas, el feminismo, el gobierno de Zapatero nos han hecho mucho daño. Los tiempos cambiaron, y el marketing de los grandes almacenes inventó San Valentín. Y para un minuto de sexo frenético este día tenemos que currárnoslo un poco más que solo llegar a nuestro piso de 25 metros cuadrado, versión moderna de la cueva, con un filete de Mamut.
Primero: Levantarse antes que ella, afeitarse, y preparar un desayuno completo, es decir zumo natural de naranja, las cereales que le gusta, unas tostadas de pan todavía calientes un poco de salmón y según los gustos café recién hecho o un te exclusivo importado directamente del Himalaya.
Segundo: Ella se ducha, y pensáis ya en ducharse con ella y frotarle la espalda con este jabón suavemente perfumado a la esencia de vainilla afrodisiaca. NO. No os lo va a poner tan fácil. Mientras ella se ducha, plancharle su camiseta y su vaquero preferido. Es una maniobra delicada que a la menor equivocación se puede transformar en drama, bomberos incluidos. Y tener un cuerpo de bombero en casa el día de San Valentín no es buena idea. Pero si conseguís planchar su ropa preferida sin que ella note ningún olor a quemado son diez puntos asegurados.
Tercero: Llevarla al trabajo en coche. Este día, y aunque este año cae un Lunes no poner la SER para escuchar los resultados del futbol, sino insertar un CD de un cantante italiano, de Alejandro Sanz o una compilación de bolero argentino. Cuando Alejandro grita en los altavoces “El tren del amor se desvanece en el horizonteeeee….”, decirle en francés que ella es la locomotora de tu vida.

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Cuarto: Mandarle de forma anónima un ramo de flores en la oficina. Un ramo de flor bonito, no un cactus, por muy grande que sea, ni este ramo de margarita pachucha que era lo más barato de la floristería. Llamarla media hora después para recitarla un poema de Pablo Neruda. Es aconsejable usar chuletas.
Cinco: Ya está animada. Esta animada a invitar a sus padres a celebrar San Valentín con vosotros: “Es que se quieren tanto y desde tanto tiempo, no son adorables…?” Es una pregunta retorica, es decir no hace falta contestar. Sus padres van a venir a cenar. Os podéis olvidar de la cena íntima, porque dudo mucho que ella acepte servir callos madrileños a sus padres, vestida con el disfraz de enfermera sexy que habéis comprado especialmente para la ocasión. Al menos que vuestro suegro consiga también convencer a vuestra suegra de ponerse el disfraz de Vampiresa, body de cuero negro y botas de tacones altos. Peores cenas de familia se han visto….
Sexto: Por fin estáis los dos en la cama, ella más cariñosa que la profesora pelirroja de “Química o física” con sus alumnos, y buscando debajo de las sabanas cómo agradeceros el día. Pero después de un día tan agotador, y sobre todo después de haber repetido dos veces los callos madrileños, os quedáis fritos, roncando y esperando que mañana la vida vuelva a la normalidad ¡!!!

Conclusión: A tomar por culo, la San Valentín¡!! Porque cuando uno ama es todos los días, no hace falta un día especial para preparar el desayuno, mandar flores o tener detalles como decir algo tan estúpido mirando a los ojos de su amada “Te quiero…”
Coño, resulta que soy un romántico….

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