Algo Pequeñito…¡Viva el festival de Eurovisión!

En mi casa éramos muy de Eurovisión. Era junto a mi cumpleaños y el día en que me daban las vacaciones, la cita más esperada del año.

Con Eurovisión aprendí que lo importante no es ganar sino participar, aprendí a ser integro con los 12 puntos que dio España a Israel para que Betty Misiego perdiera aquel mítico festival de 1979 en el último minuto. Antepuse Eurovisión a una final de copa Athletic – Barca con Maradona y Goikoetxea…. Era un niño, eran otros tiempos. Esos recuentos de votos con toda la familia alrededor de la mesa camilla haciendo fuerza mental fueron nuestros mayores momentos de unión, incluso un poco más que al doblar las cucharas de Uri Geller. Aún desconocía la palabra sinergia, y sin embargo, la tenía allí frente a mis ojos.

Lamentablemente mi voz se fue poniendo grave, apareció el vello en mis partes pudendas y en la televisión las cadenas las privadas… y la familia perdió aquel mágico punto de reunión que fue la caja tonta, y el festival de Eurovisión se fue degenerando poco a poco. Descubrir que era un festival de mierda, lleno de cantantes semi-fracasados, semi- retirados, y lleno de demás semis en general, fue casi tan duro como descubrir que los Reyes Magos no existen. El festival de Eurovisión fue lo más grande y ahora, ahora…. es algo pequeñito.

Me encantó la definición de Pablo Motos de la canción de este año de Eurovisión: Es tan mala que se da la vuelta y acaba siendo buena.

Mientras escribo estas líneas comienza en Telemadrid, la mítica película “La máquina del tiempo” con Rod Taylor. Curioso. Porque escuchar “Algo pequeñito” de Daniel Diges, el diente de león humano, es como subirse en este aparato y trasladarse a otra época.

Primero viajo diez años atrás para encontrar a este cantante protagonizando “Nada es para siempre” la respuesta de Antena 3 a “Al salir de clase”. La segunda fue cantera de gran parte de las actuales estrellas del cine español, la primera, bueno la primera, parece que aspira ahora a ser cantera del festival de Eurovisión. Una serie que de tan mala que era se daba la vuelta y eran buena. Sus malos eran malos al cuadrado, malos en todos los sentidos, sobre todo interpretando. Eran patetismo en estado puro. Y nada que nos haga más felices a las personas que descubrir que hay otros seres más patéticos que nosotros. Por eso nos gustaba esta serie.

Sigo en la máquina del tiempo y ahora viajo treinta años atrás, que es más o menos el tipo de sonido que tiene la canción que nos representa este año. Quizá un vano intento de RTVE española de traer aquellos tiempos en que la mafia rusa (el tongazo de las republicas soviéticas, bálticas y demás colegueo entre naciones vecinas) no arruinaba la emoción de las votaciones.

No sé por qué seguimos mancillando la memoria de festival cuya sintonía aún me pone la carne de gallina al evocar nostalgicamente aquellos maravillosos años, no entiendo que fin tiene seguir participando. Donde yo aprendí integridad, las nuevas generaciones aprenden la utilidad de las trampas, los amaños, el triunfo del amiguismo sobre el esfuerzo, y la carencia del sentido del ridículo. Por el amor de dios, si hasta Karmele se ha presentado….

Sólo se me ocurre una manera de transformar la canción “Algo pequeñito” en algo realmente grande. Y no, no se trata de ganar el festival. Se trata de algo mucho mejor. De hacer que sea nuestra última representante. Nuestra última participación. Una canción con un sonido tan rancio como el “La, la, la” de Massiel y que como ésta perduraría en la memoria de los festivaleros para siempre.

… ¡Ah!… y que conste que es pegadiza la jodía…. pero no tanto como ese ¡Eh, mayor!… vaya, me he dado cuenta que antes me idenficaba con el niño de la canción pero el mayor ahora soy yo. Me voy a reflexionar en mi triste senectud.

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One Response

  1. chuscurro
    29 Mayo, 2010

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