Propósitos de año nuevo: No ir al gimnasio.


Resulta que esta sociedad que hemos creado donde una imagen vale más que mil neuronas nos empuja cada principio de año a sentirnos culpables por el cordero, los langostinos, el alcohol y el roscón consumidos durante las navidades.

Habiendo tanta penuria por ahí… ¿no deberíamos sentirnos felices? Quizás sea otro debate más profundo, pero yo ahora pretendo hacer un post ligero como los glúteos de una burbuja Freixenet.

El caso es que la panacea de todos los males que giran alrededor del sobrepeso parece ser el gimnasio. Las hordas (y las gordas) corren a apuntarse cada primero de Enero, y yo, que soy un revolucionario de sofá con conciencia aburguesada, he decidido una vez más tomar una postura reaccionaria: Que se apunte al gimnasio la puta madre de Mister Proper.

Que tome una actitud rancia no quiere decir que no sea razonada. Hay un montón de motivos para no apuntarse al gimnasio: contracturas, calambres, distensiones, contusiones, desgarros fibrilares, inflamaciones musculares, esguinces lumbares, tendinitis aquilea, y, sobre todo, e inevitablemente… cansancio.

Vamos, que si cojo un Suzuki Montero y me voy en busca de mi abuelo al campo y me diría:
“Y dices que hay gente que paga 3000 duros al mes para pasarse tres horas levantando pesos en una habitación cerrada…. Que me los den a mí y les pongo a cavar cepas ya verás si adelgazan” “Por cierto, el Madrid… ¿otra vez campeón de Europa?”

Hay más razones. Las ecológicas. Ir al gimnasio implica una ducha extra al día y por tanto un consumo irresponsable de agua. Se puede optar por no ducharse, pero entonces el olor a chotuno se puede cargar la capa de ozono, amén de la familia y demás seres vivientes que compartan hogar con él. Está demostrado, ir al gimnasio marchita las plantas, como mínimo las de los pies.

Están también las razones económicas. ¿Cómo es posible que haya más gente dada de alta en el gimnasio que en la seguridad social? ¿Economía sumergida o vigorexía emergida? Si me gasto lo que no tengo en el gimnasio, me lo quito de comer… y todos tan desnutridos y tan contentos. De verdad que si hay reencarnación y justicia universal, los asiduos del gimnasio nacerán en su próxima vida en un lugar muy pobre del Africa subsahariana.

Otro motivo es que hay miles de maneras divertidas de hacer deporte fuera del gimnasio. Y no me refiero sólo al sexo, aunque ahora no sé me ocurre ninguna más. La mayoría de la gente dice apuntarse al gimnasio porque pagando se fuerzan a ir. Razonamiento digno de una mente asidua al gimnasio. Está claro que las pesas no ponen en forma la fuerza de voluntad.

En fin, que otro año más tengo el firme propósito de no pisar un gimnasio. Y es que a mí, a principio de año me gusta ponerme propósitos que pueda cumplir. El mejor modo de tener confianza en uno mismo, no traicionarse.

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