El futuro de la oficina con la nueva edad de jubilación


Vamos a tener que currar hasta los 67 años y me cuesta imaginar el ambiente en la oficina cuando todos tengamos esta tierna edad. Porque ahora mismo los temas de conversación de una plantilla que ronda los 35 años de media son: para solteros y solteras si pillo cacho el viernes por la noche, para las madres de familia si sus niños evacuan duro o blando, mientras los padres fabulan para impresionar a los solteros que solían pillar cacho cada fin de semana en sus épocas de juergas salvajes cuando la verdad es que la única compañía que tenían un domingo por la mañana era un resaca que les acariciaba el cerebro y que le hacía cosquillas en el estomago por las ganas de vomitar.

Pero está claro que los tiempos van a cambiar: A los 67 años, seguro que seguiremos intentando pillar cacho, pero no en un bar de copas de la Latina en la madrugada de un domingo sino en el salón de baile organizado por la obra social de Caja Madrid, y lo comentaremos el Lunes en la máquina de Café:

“Ayer estuve con una golfa de 80 años, que llevaba una faja ortopédica bordada que le llegada justo por encima del tobillo, me puso a 100”. Ponerte a 100 a los 35 años significa una erección que según tu emotividad tarda de 30 segundos a cinco minutos en desaparecer. Ponerte a 100 a los 67 significa que te parpadea el ojo derecho, te cae un filete de baba sobre la mandíbula, y que si notas humedad en el calzoncillo es que te has meado encima.

Otro tema recurrente de conversación en el curro: el deporte. Claro que a los 67, en lugar de celebrar la San Silvestre o cualquier semi maratón, celebraras en cuanto tiempo llegaste del sillón de tu casa (todavía con hipoteca) hasta tu servicio “Ayer batí mi marca, tarde solamente 27 minutos para llegar a la meta según mi ShitTrainer 2.0, pero un desliz fecal en el minuto 15 me hizo perder adherencia en el parque, y por muy poco, tuve de nuevo que cambiarme de pijama.” Pero orgulloso como si hubieras ganado el maratón de Nueva York, no dudaras en publicar este resultado en tu Facebook.

También las chicas tendrán sus conversaciones:
“Ayer en el ambulatorio encontré un cuerpazo de mirada salvaje (el tío tiene cataratas), con unas manos firmes (si no se agarra con todas sus fuerzas al bastón se cae) y con unas nalgas con una flacidez exquisitas…. y además tenía una pelo grueso y blanco que le salía de la nariz, me pareció tan adoooorableeeeeee , me invito a que hagamos una diálisis juntos, que cielo”

Y sabemos que a las chicas, incluso después de los 66 añitos, le gustan los detalles morbosos:
“No me digas, yo estuve a noche con uno no tan guapo, un poco mayor para mi 72 años pero el tío es una bestia en la cama, el Jack Sparrow del sexo, ocho dosis de Viagra y después solamente tengo que esperar su crisis de Parkinson: Fuegos artificiales asegurados. ” Si, los comentarios sobre criterios de belleza también van a evolucionar…

Más allá de las conversaciones en la máquina de café, toda la organización de la empresa va a cambiar. Así será muy frecuente este tipo de conversaciones entre tu jefe y tu, siempre que los dos tengáis baterías en vuestra respectivas prótesis auditivas: “Lopez, has visto a Garcia?”, “No, jefe con el Alzheimer se ha olvidado venir esta mañana”, “y Linares?”, “Tenia una reunión dentro de dos horas, con la artritis ya se está yendo por la sexta planta para llegar a tiempo”, “Y Alvarez ?”, “ Esta en la enfermería, que le tocaba la sonda, ya sabes jefe desde su operación de la próstata, no ha vuelto a ser el mismo…” En este momento, tu jefe más joven que tu, 64 años se acordará de las recomendaciones de su médico y se precipitará sobre la maquina distribuidora de ticket (si, como la carnicería del Carrefour) para su turno al servicio. Este sistema fue implementado por la becaria bizca de 52 años (becaria desde los 27), falda de lana, jersey de cuello alto, medias de angora puro, y bragas Queen Size del departamento de recursos humanos para evitar las largas colas de viejecitos impacientes a la puerta del aseo. Fue todo un éxito salvo por la moqueta de la oficina que refleja, como siempre lo ha sostenido Nietzsche en los últimos años de su vida, como la incontinencia es inherente a la condición humana.

Que bien no los vamos a pasar, compañeros abuelitos!!

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