Sucesos: Un hombre se disfraza de Orzowei y descubre que se ha hecho viejo.


Nada le hacía presagiar a Pedro Pan que una fiesta de disfraces arruinaría su cumpleaños, haciéndole protagonista de la noticia más desmoralizante del día.

Comenzó la jornada fenomenal despertándose al lado de una espectacular mujer mucho más joven que él y de la que apenas conocía su nombre. La despidió, después tomó un frugal desayuno y salió a correr una hora como cada mañana. Al regresar se dio una ducha y contempló orgulloso frente al espejo que no había ni rastro de lorzas en su anatomía. Comenzó a tararear una canción sin saber muy bien por qué. Mientras se peinaba y disimulaba coqueto las incipientes entradas de su cabeza, recordó la letra de la pegadiza canción. Fue entonces cuando decidió el disfraz que iba a llevar en su fiesta, ese que le arruinaría la velada y el resto de su existencia.

Fue a la peluquería y se puso adrede el pelo fosco, se blanqueó el rostro y consiguió una piel de leopardo con la que confeccionarse un traje. Cuando tenía todo listo, se miró frente al espejo y se dijo que aquella noche su disfraz de Orzowei iba a ser la sensación de la fiesta.

Los primeros en llegar fueron su pandilla de copeo, algunos de los solteros de su oficina. Al verle exclamaron “cómo mola tu disfraz, tío” y Pedro se vino arriba… hasta que alguien comentó. “Lo que no entiendo es porque un troglodita tiene que llevar la cara tan pálida”, otro respondió “No va de troglodita , va de drag” y finalmente el más certero dijo “¿no os habéis fijado en el colgante de colmillo?, es un Tarzán de serie Z”

Entonces ante la sorpresa e incomprensión del personal él exclamo “Voy de Orzowei. ¿Recordáis la canción Orzowei?, laralala lalá, laralalala lalá….”

Tras un silencio incomodo alguien intento romper el hielo con el típico “No sé qué te has fumado, tío, pero que rule”. Pero Pedro estaba herido en su orgullo y en un ataque de cólera que nadie entendió les echo de su casa azuzándoles con la reproducción de lanza bantú que portaba. A partir de ese momento decidió que nadie más entraría en su fiesta si no era capaz de reconocer el disfraz. Así uno a uno fue cerrando la puerta en las narices a cada una de sus visitas, incluidas unas cuantas chicas de muy buen ver con las que tenía planeado concluir la velada. Nadie conocía a Orzowei. ¿Qué narices pasaba en el mundo?

Entrada la noche llamó al timbre su amigo de toda la vida, Rufo. Que no sólo reconoció el disfraz, sino también coreó la canción añadiendo “qué temazo de Oliver Onions”. Cuando parecía que la noche se enderezaba, Rufo dijo: “como vivo aquí al lado he pasado a felicitarte, pero me tengo que ir a acostar a los niños… A ver cuando sientas la cabeza que ya tienes cuarenta”

Entonces Pedro quedó solo y sumido en la más profunda de las depresiones. Y tomo una decisión crucial para su vida: el próximo cumpleaños se disfrazaría de Power Ranger.

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