Salvajes enfrentamientos entre una tuna laica y un coro de peregrinos.


Como avanzábamos en nuestro anterior post sobre las JMJ, el más dramático suceso acaecido durante la visita del Papa se produjo cuando un grupo de peregrinos tomaron una de las calles anejas a la Plaza Mayor con canticos religiosos y armados de guitarras. El trágico destino quiso que coincidieran en esos momentos con una tuna laica que salía de las cuevas de Luis Candelas portando, entre otros elementos de combate, laúdes y panderetas.

Sin apenas mediar palabra ambos grupo se enzarzaron en un intercambio de canciones que acabó con varios heridos de diversa consideración, la mayoría con perforación de tímpano y cortes producidos por los cristales rotos por la onda expansiva.

Algunos testigos afirmaron que los cantantes católicos iban coreando “Santo, santo, santo, santo es el Señor…” cuando de repente uno de los tunos les interrumpió y mirando a una chica les dijo “Mocita la del clavel…”. A partir de ahí se sucedieron las canciones por uno y otro bando que en algunos momentos se superponían: Alabaré a mi señor, Asturias patria querida, En la arena he dejado mi barca, Las mañanitas…

Los vecinos de la zona experimentaron un terror que no recordaban desde la desaparición del festival de la OTI. Muchos se lanzaron desde las ventanas a la calle tratando en vano de huir de la tragedia, los gatos de la zona se volvieron majaras y como poseídos por el demonio atacaban a los transeúntes, y uno de los tunos en un acceso claro de locura comenzó a autolesionarse golpeándose repetidas veces en la cabeza con una pandereta.

El cenit de la tragedia se alcanzó cuando un sevillano católico que paseaba por la zona, lejos de intentar parar el combate, se metió por medio y empezó a cantar saetas. Fue entonces cuando los cristales de algunas ventanas empezaron a estallar en pedazos. Los antidisturbios acudieron a la zona, pero se quedaron paralizados por el ruido. Algunos sindicatos de policía han reclamado ya inhibidores de tunos y coros religiosos para preservar su seguridad ante situaciones de peligro similares en el futuro.

Afortunadamente el destino quiso que, cuando la batalla estaba alcanzando cotas inaguantables de tortura auditiva, un grupo de escandinavas en avanzado estado de embriaguez pasara por la zona, desapareciendo los tunos tras sus pasos cual ratas tras flautista de Hamelin.

Los organizadores de las JMJ 2013 han advertido ya que se requisaran guitarras y otros objetos musicales en los accesos para evitar que se repita una tragedia de estas características.

Tags:

Artículos relacionados

Acerca del autor

Deja tu comentario

Mostrar
Ocultar