Odio a Emilio, crónica de un verano


Los reflejos del sol en la piscina calientan las plantas de mis pies, mi piel empieza a tomar el color tostado que será la envidia de toda la oficina, y sonrio a las ocurrencias de Estévez, el ayudante del inspector Leo Caldas. De vez en cuando la proyección de una sombra femenina oscurece las páginas de mi libro y me acuerdo desde mi tumbona que el hombre vive también de placer algo más carnal que la literatura.

Son las vacaciones perfectas y se vuelve idílica cuando mi pareja se acerca con sus ojos de gatita salvaje y unos movimientos de cadera que favorece el diseño minimalista de su bikini brasileño. “Cariño,¿ no hemos venido para estar juntos?” y me coge de la mano…y ya me imagino tantear una improvisación de la variaciones Goldberg como Glenn Gould bajo los efectos de unas anfetaminas diseñadas por Walter White: la fina agilidad de mis dedos sobre las teclas delicadas de su cuerpo percutiendo las cuerdas del placer que le deja exhalar un suspiro a un ritmo cada vez mas frenético.

Pero la única música que de un golpe se oye a través los altavoces del hotel es la ultima compilación de David Guetta y una voz que grita “Ladies and gentleman…”, lo que traduzco rápidamente a “Señoras y señores” gracias a varios años de laboriosos estudios con Home English, “this is our Aqua Gym time”…Aqua Gym Time que traduzco esta vez sin esfuerzo: “Mis vacaciones se han ido a la mierda”. Soy el único hombre en la piscina infantil, mi pareja ya se está alejando de mi para estar en primera fila mientas intento maniobrar discretamente para esconderme en las últimas líneas. Juraría que ayer a esta hora la piscina estaba llena de italianas veinteañeras en Topless pero parece que hoy les toca el turno a las abuelas de esas divinas criaturas y me encuentro en mitad de un mar de celulitis y de bañadores que no habían visto el sol desde el asesinato del archiduque Francisco Fernando. Miro a mi derecha para ver si hay manera de escapar de esta trampa pero me encuentro con la sonrisa de una sexagenaria, que ha dejado la dentadura encima de su hamaca por si acaso se caía al agua durante los ejercicios. Demasiado tarde para escapar, Emilio aparece agitando los brazos para que se noten sus bíceps, su sonrisa blanqueada por Laser, balancea su masa muscular de un lado a otro, “y uno…Dos…Tres…”, siguiendo el ritmo de la música y animando a todas (repito: soy el único hombre en la piscina) a seguirle la coreografía. “ Tres…Cuatro…cinco” y extiende los brazos encima de la cabeza, movimiento que afina todavía más la definición de sus abdominales y que marca una protuberancia a nivel de su short que declaro anti masculino con el fin de preservar mi amor propio. Mientras veo a mi pareja animarse cada vez más con un movimiento sensual digno de una barra americana justo enfrente de Emilio, a mí alrededor las abuelas intentan seguir la línea rítmica de la música electrónica pero eso se parece cada vez a la clase de Tai Chi de la duquesa de Alba. Debería temer por la vida de la sexagenaria de mi lado pero estoy demasiado ocupado en pensar qué musculo tengo todavía intacto después de…15 minutos de clase. Nadie presta atención a mi espalda peluda, a los pliegues de mi tripa, a mis hombros de hombre que se niega a entrenarse en el gym Center más cerca de su domicilio, a las estampillas de mi bóxer playero completamente pasado de moda, y a mis intentos desesperados de no hacer demasiado el ridículo en mitad de ese frenesí bailarín. Cuando digo que nadie me presta atención, no es del todo exacto: un bávaro en cuyo cuerpo se han reunificado las dos Alemania sostiene en una mano una cámara de video y no pierde un detalle de mi actuación. Con la otra mano se rasca una parte del cuerpo que por decencia y no provocar un efecto contagioso en mi fiel lector no voy a precisar más.

Y ya llega el momento estelar de Emilio, la apoteosis de su carrera, el instante pirotécnico que genera fuegos artificiales en los ojos de mis compañeras de este vía crucis deportivo :” …Siete…” el aire parece más pesado, las gaviotas suspende sus vuelos,”…ocho…”, la luz mediterránea cambia de tono, los niños alrededor de la piscina dejan de gritar, el viento seco se transforma en una brisa apenas notable,” …Nueve…” incluso la rotación de la tierra se para, y todas las mujeres en la piscina actúan como a cámara lenta…”…Diez…”Y el animador del Aqua Gym da un giro sobre sí mismo. Todos los ojos femeninos se fijan en un único punto: los firmes glúteos musculosos de Emilio.

Después de una hora, vuelvo agotado a mi toalla. Mi pareja vuelve también con la frente ligeramente sudorosa y la respiración entrecortada como si acabara de hacer el amor: “Oye la cara de este Emilio me suena mucho, me voy a acercar a saludarle para ver de que lo conozco”.
Emilio, este duelo es entre tú y yo: al volver de vacaciones, me apunto a clase de spinning y el año que viene ya verás..Esto solamente acaba de empezar. O mejor me lo pienso y el año que viene voy al pueblo a casa de mis suegros.

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2 Comentarios

  1. chuscurro
    26 septiembre, 2011
  2. Holala
    26 septiembre, 2011

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