Stallone, Schrodinger y el tamaño de las copas.


Hubo una época donde se podía charlar tranquilamente después de un par de cervezas sobre casi cualquier tema como si Sylvester Stallone había aparecido en una película de Woody Allen, del significado del B después del 90 y si eso equivale a un 85C, o de si el gato de Schrodinger está muerto o vivo, y si está muerto: ¿Por qué el universo entero no huele a gato encerrado?. Eran conversaciones sin fin donde cada uno daba su opinión y donde lo importante no era tener o no razón sino llegar despierto a un pálido amanecer para terminar la velada con chocolate y churros.

Eso se ha acabado: Estas en mitad de una conversación de un interés absolutamente global para la paz en el mundo: ¿cuál de las 6 películas de Star War es la mejor? Cuando él aparece, el amigo de siempre o así lo crees. Y hace lo que pensabas que nunca habría sido capaz de hacer: en todo caso, no en este momento, no enfrente de todos. Sin ningún tipo de pudor, una sonrisa perversa en sus labios, la saca. Le cabe en la mano aunque el tamaño sorprende. La sujeta bien y desliza su dedos con facilitad prueba que no es su primera vez. Y por fin sentencia:
Sylvester Stallone aparece en Bananas, peli de Woody de 1971…”
“El B corresponde al tamaño de las copas, el numero al contorno del busto mas 15“
“el gato de Schrodinger está muerto o vivo dependiendo del estado cuántico de un solo átomo que tiene que golpear el martillo”

Bien. Vale, cacholisto. Felicitación. Tienes un Smartphone 3G de tamaño reducido y puedes navegar por Internet. Pero ¿Ahora de qué hablamos? Porque de hoy en adelante no hay una conversación donde no sacas el Smartphone para poner un punto final a nuestras elucubraciones dialécticas: compruebas la última frase, contrastas las ideas, o sentencias la conversación recitando el artículo completo de la wikipedia, convencido que en Internet está La Verdad. Es apenas la 1 de la madrugada y ya no hay tema de que hablar. A partir de este momento, este amigo se convierte en tu peor pesadilla, en cualquier momento temes que ponga la mano en su bolsillo. Acabas de comprar el último modelo de televisión, se conecta a Ebay para demostrarte que habrías podido comprarlo más barato. Te enorgulleces de haberte llevado un pivón con unos labios de sabor de mango a tu cama la semana pasada, saca una foto de una chica ligeramente embutida en su ropa y vomitando mojitos en mitad de la calle, y añade con una risotada “es ella ¡ es ella ¡ sabor de mango hihihihi….”. Para matarlo. Tuvo que sacar el Smartphone en plena faena con su chica para ver si encontraba el punto G en Google Maps. (según amigas mías, a algunos no les vendría mal que figurara en el Google Maps).

Hay algunos momentos de paz, es todavía tu amigo y de vez en cuando decidís quedar los dos para hacer un repaso de la vida en general. Mientras le hablas de lo mal que te sientes y que la vida es una puta mierda, él sigue con el aparato en la mano, el HTC o Iphone, login en Facebook o Twitter, convirtiendo tu vida en Trending Topic. Te desahogas de tus problemas y suena tu teléfono. Reconoces el oportunismo legendario de tu madre al reconocer su número de móvil. “Discúlpame, tío, tengo que contestar”, “Hijo mío, qué te pasa, he visto en el FB que estás mal, pásate por casa que te he hecho albóndigas.” En este momento te das cuentas que tienes muchas ganas de que la realidad aumentada de tu puño se encuentre con el icloud de la dentadura de tu amigo fanático de las redes sociales.

Pero la amistad puede contigo y le das otra oportunidad. Viaje a Roma: “Mira tío, la leche, la Fontana de Trevi la tengo en el Street View, jo casi se ve mejor en la foto, has visto la resolución de la pantalla?”. En lugar de pasear tranquilamente y perderse en las callejuelas mirando las italianas orgullosas en sus balcones, tiene la nariz en su Smartphone y “ahora a la derecha, ya lo ves aquí es ¡” y de ponerte el teléfono en la cara impidiendo que veas el Coliseo por tu propios ojos ¡ Te sientas en tu mesa con la ilusión de degustar un auténtico plato de espagueti al pesto, cuando se decide a comparar las recetas de internet con lo que te ha traído el camarero.

Por fin, no puedes más y te acercas a la tienda de telefonía más cerca, eliges el modelo con más: más memoria, más resolución, más aplicaciones… y esta misma noche, cuando la conversación va sobre la última boda de Cayetana, sin ningún tipo de pudor, una sonrisa perversa en tus labios, la sacas. Te cabe en la mano aunque el tamaño sorprende. La sujetas bien y deslizas su dedos con facilitad prueba que no es tu primera vez…

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2 Comentarios

  1. Perséfone
    3 diciembre, 2011
  2. Holala
    7 diciembre, 2011

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