El Abuelo Cebolleta presenta: Resaca y saltos de esquí en año nuevo.


A lo largo de la vida uno va perdiendo compañeros de viaje, y hoy, seguramente por culpa de una nueva hornada de directivos jóvenes y carentes de nostalgia que ha tomado TVE, por primera vez desde 1962 no hay más saltos de esquí desde Garmish.

Resaca tampoco está conmigo esta vez pero es como el hijo de la madre del turrón El Almendro, se puede presentar por sorpresa en cualquier momento… sobre todo durante las fiestas navideñas.

Este post es un homenaje a ellos en este día tan señalado.

Recuerdo esos días de año nuevo en que mi madre me despertaba para ir a comer. Era una de esas fechas ineludibles donde uno desayunaba antes de ir a dormir. Al despertar te acompañaba indefectiblemente esa sensación de boca seca con regustillo a una extraña mezcla de chocolate, churros y cubatazos. El dolor de cabeza solía acudir a la cita.

Entreabrías los ojos y cuando te ibas a peinar, tu pelo tieso te recodaba que la noche anterior decidiste ponerte gomina para triunfar en la macrofiesta de turno. Te levantabas despistado en pijama y, a veces con una inoportuna erección matutina porque tu pelo no era lo único tieso al levantarte, te encontrabas con algún familiar de camino al baño.

Después de lavarte la cara y ponerte lo primero que encontrabas te presentabas avergonzado en el salón donde, tras ver tu aspecto, tus familiares dudaban entre hacerte bromas o clavarte una estaca en el corazón. Salvo en trágicas y sangrientas ocasiones solía suceder lo primero. Tú tío el optimista te preguntaba si habías ligado y, mientras los flashes de mujeres haciendo la cobra y el avión destellaban en tu memoria, te acurrucabas en silencio en un hueco del sofá.

Y allí estaban los saltos de esquí de Garmish. Silenciosos, blancos, simples, inofensivos, hipnotizantes.

Preguntabas a los que llevaban algún tiempo si había algún español compitiendo, y cuando te decían que sí es porque había un austriaco llevando un mono rojo con pintas amarillas. No conocías a los saltadores y tampoco te importaba, sólo sabías que eran unos excelentes compañeros de resaca no como esas ruidosas y desafinadas reposiciones de Telepasión que te ponían en Navidad.

Admirabas a aquellos deportistas surcando los aires en aerodinámica postura, seguías la competición con interés y apoyabas a los italianos, no porque te cayeran bien, sino porque nos habían dado puntos en Eurovisión.

En el fondo no te importaba el ganador. De hecho si tú y todos tus familiares seguíais la retrasmisión era porque deseabais desde el fondo de vuestro espíritu navideño que alguien se hostiara. Y cuando esto sucedía, alguien comentaba: “Ese no ha empezado el año con buen pie”

Espero que vosotros sí lo hagáis, nietecillos: ¡Feliz 2012!

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