Un Domingo sin Megaupload



Es Domingo. Hace un frio que no soportaría un pingüino con bufanda. El cielo es azul como para mofarse de las nubes grises amenazantes de tu depresión inesperada y una fina capa de aburrimiento cubre el mando de la televisión. Megaupload ha muerto, la vida no tiene sentido ni futuro. Al final va a ser que los Mayas tenía razón: se ha acabado el mundo.

Ya no vale la pena vivir una larga tarde de Domingo una vez que la resaca del sábado haya pasado y deseas ya el Lunes para estar en la oficina como un consumidor de cocaína esperando su taxi de la droga en la glorieta de Embajadores. Como Ranz, el padre del protagonista de un “Corazón tan blanco” preguntas “¿Y ahora qué?”. Estás tan deprimido que un domingo por la tarde incluso te podrías poner a leer una novela aburrida de Javier Marías

Habría que preguntar a los antepasados, a los que conocieron el mundo sin internet o incluso antes de que las serie de ShowTime hicieran una lobotomía a nuestra imaginación, habría que bucear en los escritos indios del siglo IV antes de Cristo, y quizá entonces alguien se acordara que los domingos por la tarde las parejas jóvenes y no tan jóvenes, los recién casados y los matrimonios de larga duración, los amantes y los encuentros de una sola noche se dedicaban a la siesta crapulosa en lugar de pasar la tarde sin más acción que abrir una lata de cerveza enfrente del último capítulo de “Anatomia de Grey”.

La siesta crapulosa empieza cuando en la mesa dominical, a punto de levantarte para sacar el postre de la nevera, notas unas cosquillas en el dedo gordo del pie derecho bajo la mirada ligeramente chisposa de tu pareja. Lo bueno, es que es domingo tarde y tienes largas horas enfrente de ti, nada especial que hacer sino explorar territorios donde la mano del hombre (o de la mujer) nunca ha puesto el pie, y vice-versa. Te olvidas del postre en la nevera, pero tienes ganas de una cosita dulce, y dejando de lado todos tus principios dejas las migas encima de la mesa y la copa de vino a medias. Te levantas de la mesa aunque te notas hambriento como nunca para dirigiros hasta la habitación. Aconsejo llegar a la habitación o sino quitar primero las migas de la mesa. Descubres que hay un mundo olvidado que se escondía detrás de los enlaces a tus series preferidas. Acordaros que hay tiempo, toda una tarde, y que hay que disfrutar cada cucharada del postrecito. Como en “Lost” le puedes dar giros al argumento, o no dudar del efecto sorpresa. Como en “Fringe”, puedes descubrir que tienes un doble en un mundo paralelo y este doble tiene una flexibilidad que desconocías. Como en “The walking Dead”, puedes abusar de los mordiscos pero sin llegar a la sangre. Como en “Anatomía de grey a tu Grey”, puedes dejar que tu sentimiento sea la trama principal de tus susurros. En cuanto a “True Blood”, esos vampiros están tan salidos, que seguir su ejemplo solo podría asustar a las más emprendedora de las amantes. Travelling lateral o retroceso, fondue enchaine, zoom, primer plano: te das cuenta que tienes más posibilidades que una Steadycam en las manos de JJ Abrams. Acuérdate que existe La Ley Sinde, que a toda costa tienes que evitar las descargas ilegales. Con Megaupload solamente podías hacerla disfrutar 72 minutos pero a tu pareja esta tarde le ha tocado la cuenta Premium. Descubres que un domingo por la tarde, no se resume a mirar con enamoramiento a una pantalla. Descubres de un golpe que ya son las 18h00, ¿Y ahora qué? Hombre, pues, por la segunda temporada por supuesto…

Lo peor que te puede pasar es que tu pareja siga aburriéndose y decida de hacer un Spin-off… sin ti…!

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