Protesta masiva por el cierre de Clan.


Al grito de “Nos dejan en pañales”, los estudiantes de las guarderías infantiles han salido esta tarde a la calle para protestar contra el cierre de Clan: Adiós a Pocoyo, o como diría Angela Merkel “Aufwierdersehen, Bob Esponja”. La noticia cayó como un moco verdoso en una sopa de fideos. Con motivo de los recortes, RTVE está pensado cerrar el canal Clan, el preferido de los peques. La primera reacción fue la incredulidad e incluso algunos llantos de desesperación al pensar que se quedaban sin el tiovivo mágico o Georges de la jungla. Pero enseguida, olvidándose de sus puré de zanahorias y sin ingerir sus petite suisse de fresa, los niños indignados se pusieron a pintar con los dedos eslóganes de protesta: “Por Pocoyo Mato”, “Rajoy = Calamaro”, o “Cangre Burger para todos”. Algunos aprovecharon para hacer resurgir viejas reivindicaciones: “Brócoli el Viernes NO” y “Pañales del Lidl, pa’ tu madre”

El malestar desembocó en la manifestación más masiva de la democracia. Miles de duendes furiosos se precipitaron fuera de las guardes apenas sin concertación y se concentraron primero enfrente de las tiendas de Prenatal (costumbres del sábado por culpa de las madres) pero rápidamente se dieron cuenta de su error a y dirigieron sus pequeños pasos en dirección de la sede de RTVE . Los pequeños no están dispuestos a aceptar nuevos sacrificios después de haber visto a sus padres quedarse sin “Águila Roja”. El movimiento se extendió rápidamente a toda España.

El presidente del gobierno repitió todo el día que no iba a subir el IVA de “los chuches” en un intento desesperado de calmar los ánimos, pero nadie parecía poder parar este movimiento pre juvenil. En los pasillos del parlamento, algunos diputados mostraban su inquietud: “Ya podemos hablar de una generación perdida como votantes del PP”. La inquietud se transformó en estupor a ver que una líder del movimiento era la niña de Rajoy. El gobierno intentó echar la culpa al PSOE y los sindicatos pero tanto Rubalcaba como Cándido Méndez indicaron que a esta hora de la protesta se encontraba a la puerta de las guardes para recoger a sus nietos. Cándido Méndez echó una lágrima a ver que su nieto seguía los pasos valientes de su abuelo.

Hubo algunos incidentes reseñables: En este momento todavía se cuenta 50 biberones perdidos, 35 chupetes desaparecidos, 67 pañales manchados, y se encuentra bajo custodia de la policía cinco niños entre 2 y 4 años cuyos padres no han aparecido todavía. Los antidisturbios no intervinieron: Habían recibido consigas estrictas acerca del enemigo enano: “No se puede golpear la cabeza de un niño de tres años como las costillas de un perroflauta estudiante en la Universidad de Derecho”. Por desgracia, se deploró un altercado cuando unos de los chiquitillos reconoció a su papi detrás del uniforme del agente de la Ley y como de costumbre en su casa intentó jugar con la porra del padre. Sea vivó un momento de tensión hasta que el anti disturbio reconoció por fin a su progenitura y calmo los ánimos de sus compañeros.

Según la policía la marcha multitudinaria reunió a 3000 manifestantes. Los organizadores no dieron cifras porque todavía no saben contar hasta diez y sin los programas educativos de clan no esperan llegar a saber contar hasta los 14 años al menos.

Con las ganas de hacer un pipi y la hora de la merienda acercándose, los manifestantes se dispersaron pacíficamente.

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