El champú de caballo se pone de moda entre los más burros.


Ironías de la vida, por culpa de una nueva moda sin fundamento los más burros se lavan su cabellera ahora con champú de caballo. Amas de casa con la cara embadurnadas en baba de caracol y alopécicos desesperados de regreso de su viaje a Lourdes corren a las tiendas equinas para hacerse con esta nueva panacea para los pelos lacios.

En la onda del vendedor ambulante de crecepelos, y a medio camino de ser un bombazo de teletienda tipo sujetador cuidatetas, esta moda superchera parece estar calando entre los sectores más crédulos, por no decir ignorantes, de nuestra sociedad, una sociedad, por cierto, muy dada a fiarse más de los consejos del vecino que de los del médico.

Sí, amigos crédulos, va a resultar ahora que los propietarios de los más millonarios laboratorios cosméticos han dejado pasar por alto la oportunidad de adquirir tan milagroso producto para su distribución, o, incluso mejor, para su destrucción. Sí, porque si realmente hubiera un producto que impidiera la caída del cabello, mi apuesta sería que lo retirarían de la circulación para evitar competencia desleal con esos productos tan caros que ya venden y que sólo sirven para alargar la agonía de lo inevitable enriqueciendo sus bolsillos a la vez que se empobrecen los folículos capilares de sus compradores.

No obstante y antes que los compradores de este producto se lancen a demostrar su eficacia dando coces sobre mi culo, he de decir que a pesar de mi escepticismo y mis críticas hay ciertos sectores de usuarios del champú de caballo que merecen mi respeto. Por ejemplo los irredentos soñadores. La utopía siempre tiene permiso para pasar por encima de la ignorancia si la quimera lo merece. Por eso si eres uno de esos muchos heavys azotados por el ácido humor del destino y has visto descender tu melena en una bajamar sin retorno que empezó en tu flequillo y terminó en tu nuca… tienes derecho a soñar con unas greñas equinas que suban y bajen al ritmo de una guitarra eléctrica.

Champú para burros

También todo mi respeto para los que usan este tipo de champú porque desean tener una cola de caballo, pero no en su pelambre, sino en su entrepierna. Eso sí os advierto que como crece penes tampoco tiene éxito asegurando, y que lo más probable es que acabéis transformando el fosco y rizado pelo de vuestros huevos, en unas suaves y lisas crines que causaran el desconcierto cuando no la repugnancia de vuestras amantes probablemente muy furtivas.

Por supuesto todo mi apoyo para los caballos del mundo que por culpa de la demanda humana sufren ahora escasez en el suministro de su champú. Y aunque algunos habían decidido pasarse al jabón de lagarto, ante las primeras quejas de los reptiles, la mayoría han optado por soluciones más radicales y se han dejado crecer las rastas. No es de extrañar pues que este año a la carreras del hipodromo se las conozca como olimipiadas hippies.

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