Peripecias de un Prepapá. Semana 0. Espermiograma rico, espermiograma pobre II.


Hay otros mundos pero están en éste. Más allá de Megalab, más allá de Orión, más allá de los laboratorios convencionales existe un lugar blanco y aséptico donde se respira la paz y la tranquilidad, dónde tus malos espermatozoides se perderán como lágrimas en la lluvia… Ginefiv.

Después de mi azarosa aventura con el primer seminograma nuestro ginecólogo nos informó que los resultados no eran determinantes (analizaremos resultados más adelante) y por tanto me mandaron repetir la prueba. Tras la excitante experiencia inicial, divertida desde mi perspectiva de monologuista, vergonzosa desde mi vertiente de ser humano tímido, retiré mi confianza al colectivo de teleoperadoras de Sanitas.

Necesitaba una fuente más fiable desde un punto de vista científico, pero como no conozco a Punset, recurrí a un amigo.

Es difícil que un hombre te hable de motus propio de sus experiencias fecundadoras, pero si le preguntas sin rodeos probablemente te proporcione información valiosa. Eso ocurrió en mi caso, dónde mi amigo, que había conseguido ser padre por métodos artificiales, me contó que para hacerse un espermiograma no es necesario ir a un laboratorio, que lo mejor es ir a una clínica de fecundación. Las razones las iré desgranando a lo largo de los siguientes párrafos.

Después de aquella conversación miré qué clínica me venía mejor de entre aquellas que trabajaban con Sanitas. De resultas concerté una cita en Ginefiv. Desde este momento ya me dijeron que no necesitaba llevar nada, ni preocuparme de nada excepto de mantener un periodo de abstinencia mínimo de 3 días antes de la prueba.

Al llegar me encontré en un remanso de tranquilidad, de blancas paredes y, me arriesgaría a decir, decoración minimalista con toques futuristas. Es decir, una mezcla entre los garitos que frecuentaban la pandilla de La Naranja Mecánica, los pasillos de La Estrella de la Muerte y una clínica privada de desintoxicación. En recepción me dieron un papel a firmar que explicaba los pormenores de la prueba, y me hicieron rellenar un cuestionario cómodamente sentado en un sofá. El trato fue en todo momento amable. Finalmente me acompañaron a la sala donde debía proceder a la recolección de la muestra… y está vez no era el servicio. ¡Empezábamos bien!

Se trataba de un minipiso de soltero de 4 metros cuadrados. Constaba de un revistero a tope de porno, de un lavabo, un espejo que…. ¡tachán! … se convertía en pantalla de video no con una varita mágica sino con un mando a distancia, un sillón pelín futurista protegido para la ocasión con una sábana de papel que pese a su higiénica función te sugería la existencia de otros moradores previos y por tanto no invitaba a sentarte, y, por último, el toque final, un cajón abierto en la pared en el que esperaba un bote estéril, este sí, pensado para la recogida de esperma, como deduje por el ancho de su boquilla.

Me explicaron el funcionamiento del mando, me dijeron que me tomase el tiempo que necesitara, y me contaron que cuando acabase volviese a situar el bote estéril en el cajón y lo cerrase porque alguien al otro lado de la pared lo recogería. Y es que está claro que un sitio con tan buen gusto y refinado como éste queda muy vulgar eso de pasar un bote de semén de mano en mano. Allí no la gente no se masturbaba, hacía manualidades científicas.

Tras este prolegómeno yo no sabía si proceder con la prueba o quedarme a vivir allí. Este sí era el tipo de lugar que yo tenía en mente cuando era un pobre inocente que oía hablar de estas cosas como algo lejano. Sólo un detalle podría mejorarlo aunque no me atreví a ponerlo en el cuestionario de calidad que me enviaron, ni tampoco a decirlo en presencia de mi novia: un ejército de enfermeras mamporreras.

Con esta información espero ayudar a futuros padres que se vean en mi misma situación. Algo me dice, que gracias a mi narración, su elección será más fácil. Aunque claro con este relato tan prosaico me he desviado de lo más importante, quizás de los resultados de aquella prueba dependiera a corto plazo nuestro sueño de ser padres. Lo veremos en el próximo capítulo.

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