Peripecias de un Prepapá. Semana 4. ¿Estamos embarazados?


Se acabaron los previos. Llegó la hora de la verdad. Mientras se había postergado sine die la opción de la reproducción artificial y mientras las vitaminas placebo acumulaban polvo en el armario en lugar de polvos en la cama, de repente un retraso.

No era el primero en el último año y además la prima de riesgo de mis espermatozoides registraba valores record por la falta de confianza de los mercados, por eso cuando sugerí adquirir un Predictor al pasar junto a una farmacia no me extrañó que ella prefiriese demorar la compra.

Lo que no suponía es que llevaba ya uno en su bolso.

No recuerdo si me había tocado la primitiva, si me encontraba en una playa brasileña rodeado de mulatas, o si me había caído de un avión y agitaba mis manos para volar. Sólo sé que estaba soñando pero ciertamente no recuerdo qué. Eran las cuatro de la mañana y un leve empujón me sacó de allá dónde estuviera y trajo ante mis ojos un palo con dos rayas rosas tan nítidas como mi visión nublosa me permitía percibir. ¡Estamos embarazados!

Mi vida, como la arena de un cubo de playa que de repente se convierte en la torre de un castillo, dio un giro completo. La alegría, la ilusión, la sorpresa, la incredulidad, el surrealismo, las legañas y el amor, en el sentido más elevado de esta palabra, tomaron el control y, por supuesto, nos desvelaron. Vivíamos momento especial e imperecedero de esos que al recordar no puedes asegurar con certeza si tus pies tocaban el suelo o estaban en el aire.

Así que allí estábamos a las cuatro de la mañana desayunando con una taza de leche caliente y un nuevo proyecto de vida en nuestras manos, y con nuestras pantuflas en un lugar indeterminado entre las baldosas de la cocina y la encimera. Entonces una pregunta se elevó sobre otras muchas que la seguían: ¿Y ahora qué?…

…¿Había que ir al médico de cabecera? ¿A urgencias? ¿Al ginecólogo? ¿Se lo contábamos a alguien? ¿Podía ella comer lo que le apeteciese? ¿Podía el feto escucharnos? En este último caso, intuíamos que probablemente no, pero le hablamos, porque éramos conscientes que para ser unos buenos padres hay que aprender a hablar a tus hijos aunque sepas que no te escuchan.

Para aquellos que algún día lleguéis a este artículo en la misma situación, ahí van unas cuantas respuestas: Desde luego no hace falta ir a urgencias (a no ser que te acompañen síntomas anormales como sangrado, que conste que mal estar general o dolores abdominales son algo común), se pide una cita para tu médico de cabecera que te mandara un análisis que refrende al palito y si tienes pensado hacer seguimiento por privado se puede pedir cita también para el ginecólogo. En lo que respecta a la comida hay que tener cuidado, sin caer en la paranoia, con carnes crudas y verduras hasta que te hagan los análisis de la toxoplasmosis. Eso sí, hay que evitar todo tipo de medicamentos excepto el paracetamol.

Lo de contarlo o no es una decisión muy personal. Nosotros decidimos no contarlo a nadie, ni escribir esta sección que hacía mucho tiempo había prometido a Don De Cabo, hasta que hubiera pasado el periodo más crítico, los tres primeros meses. Eso sí, para que engañarnos, hubo filtraciones.

Para acabar este importante capítulo quiero lanzar un mensaje de esperanza para aquellos a los que les esté costando quedarse embarazados. Mientras haya espermatozoides sanos y óvulos hospitalarios confiad en el poder de la estadística combinatoria y solamente preocupaos de hacer el amor sin obsesión… y, claro, sin condón.

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