Peripecias de un Prepapá. Semana 6. El momentazo.


Tras unos prolegómenos llenos de estadísticas y análisis de fluidos corporales llegó el momento de disfrutar de una buena tanda de emociones.

Los días posteriores al positivo son raros. Estás asimilando la noticia pero te resulta extraño ser parte de ella. Llega la primera visita al médico de cabecera, los primeros análisis, los primeros consejos, la constatación clínica… y aun así parece algo irreal.

Entonces toca la primera visita al ginecólogo y todo cambia para siempre.

Al ginecólogo, como a la mayoría de los hitos a lo largo del camino a la paternidad, se llega a través de dos vías: la Seguridad Social y la privada. La mayor diferencia es que por el seguro médico tienes revisiones cada 3 o 4 semanas y por la sanidad pública tienes 3 o 4 a lo largo del embarazo. Desde un punto de vista puramente clínico no hay ninguna ventaja puesto que las que te van a hacer por la Seguridad Social son realmente las importante e imprescindibles, el bebé y la madre van a estar bien cuidados. Desde un punto de vista psicológico sin embargo la privada te ofrece la posibilidad de seguir más de cerca el estado de tu futuro hijo/a y eso, para qué negarlo, lo vas a disfrutar.

Ten en cuenta también que la opción que elijas para el seguimiento del embarazo es independiente de lo que elijas luego para el parto. Dicho esto, la elección depende de ti y de tus circunstancias. Si sois indecisos existe incluso la posibilidad de utilizar las dos vías en paralelo, pero eso también significará tener que hacer las mismas pruebas dos veces y quién sabe si también entrar más fácilmente en el temido “modo paranoia”.

En nuestro caso aún no hemos decidido donde será el parto, pero teníamos la posibilidad de utilizar el seguro médico de mi empresa y lo hicimos. Sólo por la primera visita mereció la pena.

Llegamos con los análisis de la Seguridad Social y al ser tan pronto, sólo la sexta semana, con la única expectativa de escuchar unos cuantos consejos y una explicación no demasiado pormenorizada de cómo iba a ser el seguimiento del embarazo. Sin embargo a las primeras de cambio la ginecóloga le comentó a mi novia que se preparase para una ecografía vaginal. Cuando ella estaba lista en el potro de tortura, le preguntaron si aquella era su primera vez con el fin de explicar el procedimiento… ella contestó que no, yo contesté que sí. Y es que cuando uno observa a una mujer empuñando un objeto cilíndrico parecido al que porta la guardia civil para indicar a los coches que se paren en carretera, y cuando encima a ese objeto le pone un preservativo y le unta vaselina… ¡uno quiere saber qué va a pasar!

Eco de 6 semana sacada de Google images

Los más astutos ya lo habrán intuido, lo que iba a pasar es uno de los momentos más intensos de mi vida… y, para los mal pensados, con cero por ciento de contenido sexual.

De repente en un pequeño monitor, en medio de una neblina de imágenes distorsionadas generadas por ultrasonido, aparece una lentejilla palpitante. Sin tiempo para asimilar lo que estás viendo, la ginecóloga enciende el sonido del ecógrafo, y comienzas a escuchar la banda sonora de la vida de tu hijo. Sus latidos se expanden por toda la estancia, las manos se agarran y las comisuras de los labios se estiran en una larga sonrisa de complicidad que sale al encuentro de esas lágrimas que, sin pedir permiso, se han desbordado de tus ojos y bajan por tus mejillas. Si la emoción te permitiese hablar, hablarías en verso.

Nudos en la garganta. Momento vello de punta. Momento bello. Su corazón se había apoderado de los nuestros… y para siempre, me temo.

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