Peripecias de un Prepapá. Semana 26. Mrs.Bean


Los hombres nos pensamos que somos bastante buenos poniendo apelativos cariñosos a nuestras parejas. En mi caso, dejando la modestia para otra ocasión, me tengo así conceptuado.

A lo largo de estas semanas he utilizado: “huevo”, “huevita”, “pequeño ocho”, “barriguitas” o “supermum”. Todos me encajaban pero por algún motivo se me quedaban cortos a la hora de definirla. Hasta que de repente, tuve la visión, el sobrenombre que mejor definía a una embarazada de 26 semanas en casi todos los aspectos: Mrs. Bean.


En primer lugar, para los que no estén duchos con el inglés, bean quiere decir judía. Y en muchos sentidos, conceptuales y físicos, la embarazada se parece a una vaina verde. En segundo lugar, para qué vamos a engañarnos, he puesto este apelativo en homenaje al famoso personajes interpretado por Rowan Atkinson.

Sí, a lo largo del embarazo la futura madre va sufriendo una lenta metamorfosis que la trasforma en un ser cada vez más patoso y por lo tanto más dado a que le sucedan pequeños accidentes. Mide peor las distancias, sus manos pierden agarre y su tripa les va eclipsando poco a poco la visión de los pies… lo que las hace más proclives al resbalón.

Vamos, que toda esta introducción era para contaros que ya hemos tenido la primera, y de momento última, caída de culo en unas escaleras. Tranquilos, nada de lo que alarmarse, y además por lo comentado por nuestro entorno resulta ser algo bastante común. De hecho si en algunas tribus africanas un niño necesita matar un león para ser hombre, parece que en occidente una mujer necesita caerse de culo para ser madre. Incluso es posible que si las mujeres tuvieran el útero en el trasero nuestra especie se hubiese extinguido hace tiempo.

En fin, dejando la parte jocosa brevemente a un lado, todo resbalón es un susto, pero el instinto maternal hace que la madre proteja la tripa y raramente cae hacia adelante. Se puede decir que las embarazadas son como los gatos o las tostadas con mermelada, que suelen caer siempre del mismo lado. Son también como las cucarachas, que se quedan tendidas boca arriba agitando sus patitas… o debería decir patotas, porque a estas alturas las piernas hinchadas es otro de sus síntomas.

En cualquier caso si la caída fuera sobre la tripa, aunque siempre es recomendable ir al médico, no hay que preocuparse demasiado porque la naturaleza es retorcidamente sabia. Lo de “retorcidamente” es porque ha creado una bolsa rellena de líquido amniótico para proteger estupendamente al bebé de unos golpes que la mayoría de las veces son generados por la torpeza concedida a la madre durante el periodo de gestación.

En fin, caída aparte, lo más importante, desde un punto de vista clínico, acaecido desde el último capítulo es que hemos pasado la curva de la glucosa con nota. Normalmente se suele catear la prueba inicial que dura una hora, lo que lleva a la molestia de tener que realizar una semana después una reválida que dura tres horas. Y lo peor de todo es que si al final sale diabetes gestacional se acabaron los antojos dulces, una de las pocas alegrías que la embarazada se da al cuerpo.

Así que aprobar a la primera ha sido un notición. Tanto, que aprovechando que está de buen humor, me he atrevido a hacer un post riéndome de sus caída y llamándola Mrs. Bean. Tengo miedo.

Os recuerdo que podéis participar en esta aventura bien con vuestros comentarios, bien con vuestras preguntas o bien con vuestros consejos. Para ello disponéis por supuesto en este mismo post de la sección de comentarios, de mi cuenta de Twitter (@chuscurro) o de mi correo chuscurro@decabo.com. Estaré feliz de compartir mis peripecias más de cerca con vosotros.

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