Peripecias de un Prepapá. Semana 28. Chacho.


Estamos ya de lleno en ese tercer trimestre tan temido por las embarazadas. La barriga tiene ya el tamaño del bombo de los premios del sorteo de Navidad y va camino de ser tan grande como el de los números. Los pies se le hinchan de vez en cuando, encontrar la postura para dormir es más difícil que encontrar a Wally, las molestias en la espalda están a la orden del día, los dolores de coxis y sacro han pasado de ser intermitentes a convertirse literalmente y en inglés “a pain in the ass”, y ya del sexo (también literalmente y además en cualquier idioma) ni hablamos.

Muy bien. La vida de la embarazada es dura, pero ¿y yo qué?


Las cosas para el embarazado no lucen mucho mejor. Sus múltiples achaques y su estado te obligan a asumir tareas que en circunstancias normales de cohabitación en pareja puedes esquivar. Ya no vale fingir que la escuchas mientras ves la tele o tuiteas, debes hacerlo de manera activa y esto conlleva ser capaz de encontrar palabras que relativicen pero que no resten importancia a su problema, con humor pero sin que parezca que te lo tomas a guasa, positivo pero sin esbozar pizca de euforia, que le sirvan de apoyo sin que parezca que menosprecias su capacidad de valerse por sí misma y que proporcionen consuelo sin caer en las condescendencia. Es decir, tus habituales respuestas monosílabas ya no son apreciadas en la profundidad de su significado.

Pero esto es sólo un reto mental. Hay otros más físicos. Como las labores del hogar. Su estado de forma comienza ser un impedimento para pasar la fregona o el aspirador, la lejía no es muy aconsejable para la salud del bebé… en fin, que no hay manera de hacerse el remolón ni trato firmado de compartimento de tareas al 50% que valga. Tienes que asumir. Dependiendo del nivel de tu economía o de tu jeta, puedes o bien externalizar el servicio o bien encasquetárselo a algún familiar deseoso de ayudar (llámese madre o suegra), pero lo normal, como es mi caso, es que te conviertas en el chacho. Además el efecto nido, en una versión más moderada, también lo podemos contraer los hombres. Y de repente, sin comerlo ni beberlo te encontrarás un fin de semana limpiando zócalos como si el bebé fuera a ponerse a gatear y a chupar todo con un mes.

Eso sí, si sientes tu masculinidad zaherida por tu nuevo rol en la casa, siempre puedes liberar testosterona comunicándote con tu hijo por el varonil método de la patada morse. Sí, y es que, durante las últimas semanas, Miguel ha pasado de moverse ligeramente por el vientre de su madre a la troglodita comunicación de patadón. Enternece y acojona porque piensas “si este sigue así acabará rompiendo puertas en Hermano Mayor”. De todos modos el mundo de la patada merece ser comentado largo y tendido o mejor, encogido y en posición fetal, como mi bebé. Así que lo dejo para otro capítulo. Además mañana tenemos cita con el ginecólogo y con un poco de suerte podré compartir la próxima semana una nueva foto de su carita. Y lo bueno que tiene internet es que a las fotos que compartes no se le notan tus babas… o sí… qué más da. Si se nota, las limpio orgulloso en mi doble condición de prepapá y chacho.

Os recuerdo que podéis participar en esta aventura bien con vuestros comentarios, bien con vuestras preguntas o bien con vuestros consejos. Para ello disponéis por supuesto en este mismo post de la sección de comentarios, de mi cuenta de Twitter (@chuscurro) o de mi correo chuscurro@decabo.com. Estaré feliz de compartir mis peripecias más de cerca.

Artículos relacionados

Acerca del autor

Deja tu comentario

Mostrar
Ocultar