Peripecias de un Prepapá. Semana 32. ¿Y un huevo?


Sí, ya sé que normalmente esta frase se escribe con admiraciones y no con interrogaciones, pero no, no me he equivocado. Después de haber escuchado eso de que los hijos son una fuente de preocupaciones, ahora toca experimentarlo.

Esta semana teníamos ecografía, más ella que yo, para qué negarlo. Aunque lo que sí compartíamos a partes iguales era expectación, emoción, e ilusión por ver a Miguel. Lo que no esperábamos era que el ecógrafo nos iba deparar alguna sorpresa.

Que no cunda el pánico. Lo más importante está bajo control. El niño está sano como una manzana, aunque de tamaño ya sea como un melón. De más de dos kilos. En palabras del ginecólogo está enorme, pero lo cierto es que imbuido por el espíritu competitivo de la paternidad ese diagnostico tan coloquial a mí no me valía y me daban ganas de decir:

– Déjese de adjetivos subjetivos y díganos de una vez en qué percentil está. Que vamos a arrasar en la liga de percentiles está temporada.

Pero vamos, parece que hasta que no nazca no empieza esa competición. Sinceramente una pena, porque en percentil de pelucón también barreríamos o como mínimo nos llevaríamos el título “Pelo Pantene” para categorías inferiores, y es que la cabellera de nuestro hijo cada vez se luce más en las ecografías. Eso sí, de la carita no tenemos noticias desde hace dos meses. Está vez se cubrió la cara cual famoso acosado por los paparazzis, sólo mostraba una oreja, muy bonita eso sí, que quizás nos demuestra sus dotes para escuchar… aunque lo cierto es que cuando fui al cine le encontré un parecido razonable en uno de los carteles que había por allí que apunta a otras dotes ocultas. Juzgad, juzgad…

Grande, melenudo y satánico. Nos ha salido heavy. Si ha de estar entrado en carnes, mejor que sea así y no que se parezca al gordo de Andy y Lucas.

Aparte del aspecto físico, que como todos los adultos deberíamos saber no es lo importante y que además, si naciera feo, nos encargaríamos de reforzar este concepto mediante un visionado regular de “La Bella y la Bestia”, lo trascendental de esta visita es que nos dieron la primera mala noticia del embarazo. Soy consciente que también va a dar para mucha coña, pero, para qué negarlo, constituye nuestra primera preocupación real: al niño no le ha bajado uno de los testículos.

Al parecer resulta que los huevos inicialmente son como el planeador de Koji Kabuto, lo que pasa es que en lugar de aterrizar en la azotea de su robot Mazinger se tienen que plantar cada uno en su escroto. Pues bien, hay uno, que por mucho “planeador abajo” que gritemos… parece que no baja.

El ginecólogo nos ha dicho podría ser normal incluso hasta el sexto mes después de nacer. En teoría no deberíamos estar siquiera preocupados, pero lo malo es que tras conocer esta noticia se me reveló otra que se me había ocultado durante mucho tiempo. Algo que tiene que ver con los genes defectuosos de mi familia política: “el huevo oculto de los Batanero.”

Allí mismo, en la consulta, me enteré que mi cuñado y mi suegro (y hoy me han confirmado que incluso el padre de mi suegro) nacieron con un “fake escroto” o lo que es lo mismo con un testículo errante en paradero desconocido. No es algo de mucha gravedad y ambos se han reproducido sin problemas… pero para el futuro de Miguel, y para el nuestro, significa una intervención quirúrgica.

En fin estamos contrariados y rezamos a Darwin cada noche para que la evolución de las especies nos evite el disgusto, pero no tenemos muchas esperanzas. No es que no peguemos ojos, pero literalmente nos preocupa un huevo.

Por lo demás, ésta ha sido una semana llena de otros sucesos interesantes pero menos importantes que probablemente nunca llegue a narraros… porque hoy ya llevamos un capítulo suficientemente largo. Aunque normalmente lo que haría sería dejarlo para la semana siguiente, mañana tengo el primer día de las clases preparto y algo me dice que servirá para acaparar el próximo capítulo… ¡no os lo perdáis!

Os recuerdo que podéis participar en esta aventura bien con vuestros comentarios, bien con vuestras preguntas o bien con vuestros consejos. Para ello disponéis por supuesto en este mismo post de la sección de comentarios, de mi cuenta de Twitter (@chuscurro) o de mi correo chuscurro@decabo.com. Estaré feliz de compartir mis peripecias más de cerca.

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