Peripecias de un Prepapá. Semana 33. Cuadrupedia.


Lo reconozco. No estoy preparado para ser padre. Cumplo algunos requisitos: tengo buenas intenciones, me estoy enamorando del bebé que viene de camino, soy responsable, no tengo miedo a la caca de recién nacido…. Pero por otro lado soy consciente que no he conseguido madurar aún, y no sé si me va a dar tiempo a hacerlo en los próximos dos meses.

No me estoy juzgando severamente, no estoy conjeturando. Hablo de hechos. La prueba número uno es que mientras el pasado lunes mis compañeros asistían a la primera clase de preparación al parto, en el mismo lugar y a la misma hora, pero en mi mente, yo asistía a clases de fisioterapia para adultos.

En serio, sé que debo tener un problema, pero el otro día, cuando nos explicaban las posturas para aliviar el dolor de las contracciones de nuestra pareja el día del parto, a mí aquello me pareció un poco un show lésbico erótico barriguítico. Y pongo tanto énfasis en culpar a mi calenturienta mente por si algún día llega a leer este post esa a la que en mi fuero interno considero la verdadera responsable, esa a la que pido disculpas anticipadas, esa cuyo nombre no recuerdo pero a la cual denominé: “la profesora hot”.

No hablemos de su aspecto físico, porque no quiero seguir tirando piedras contra mi tejado, hablemos de sus comportamientos cuando mínimo sospechosos de maieusiofilia. La profesora hot no hablaba, silabeaba cual Sara Montiel cantando “El último cuplé”, la profesora hot sobaba a todas sus alumnas. Y vosotros podréis aducir justamente que es normal, que tiene que tocarlas para enseñarles a situarse en la posición correcta… ¡Pero a ver cómo me justificáis que gimiese al tocarles la barriga!

Llamadme retrogrado, pero no puedo mirar con mente limpia a una mujer que se gana la vida dando masajes de periné. Pero lo peor fue cuando se puso a explicar las posturas en la que denominó su posición favorita, la cuadrupedia o, como dicen en mi pueblo, a veinte uñas. Sí, seré inmaduro, pero por muy clase preparto que sea no puedo ver a dos mujeres haciendo un trenecito en cuadrupedia sin que se me escape una risita.

Pero, ay amigos, qué malo es el karma. Cómo iba a imaginar yo que mis risas libidinosas se iban a transformar en dolor físico y frustración moral por culpa de la cuadrupedia. Sí, porque en vez disfrutar de un merecido descanso durante el puente de La Almudena, me he pasado la mitad del tiempo a cuatro patas, sodomizado por un par de escandinavos: Hemmes y Poang. Sí, odio el bricolaje, odio los muebles de Ikea, odio que me falte una pieza, odio darme me cuenta que he montado un cajón con el tornillo incorrecto cuando estoy llegando al final de las instrucciones, odio que esas instrucciones vengan sin explicaciones escritas, odio no tener espacio para dar un martillazo en condiciones, odio que me falten manos para sujetar rectas las guías de un armario mientras trato de atornillarlas. Y odio que la posición más cómoda para montar, valga la redundancia, una cómoda sea la cuadrupedia. Ironías de la vida.

El capítulo de hoy llega a su fin, y los más curiosos y a la vez poco duchos en la materia tratada, estarán pensando, cuando no “googleando” un par de conceptos aquí nombrados. Sobre la maieusiofilia hay poco que pueda explicaros que no se encuentre en la Wikipedia. Sobre el masaje de periné creo que tendremos ocasión de hablar largo, pero nunca tendido, en el futuro.

Os recuerdo que podéis participar en esta aventura bien con vuestros comentarios, bien con vuestras preguntas o bien con vuestros consejos. Para ello disponéis por supuesto en este mismo post de la sección de comentarios, de mi cuenta de Twitter (@chuscurro) o de mi correo chuscurro@decabo.com. Estaré feliz de compartir mis peripecias más de cerca.

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