Peripecias de un Prepapá. Semana 36. Silla o Carro.


Dilemas, decisiones, compras y otras situaciones. Deseos, conversaciones, sentimientos y preocupaciones. Pañales en días otoñales. Miguel, desde su cuartel general fetal, desde su torre de control acuática, desde su inconsciencia e inocencia, con técnicas telepáticas, con total displicencia, se ha hecho ya con el poder.

Nuestra vida gira a su alrededor. Estamos aprendiendo a soñar sueños de otros. Esos que hay que soñar despiertos. Y por lo visto ahora sueña con un coche, pero como somos novatos se nos hace de noche sin saber cuál. Fatal. Futuro incierto.

Maclaren o Bugaboo. Miguel, dinos, ¿Cuál elegirías tú?

Pues sí, sin saber cómo, nuestros principales dilemas han dejado de versar sobre el destino de las vacaciones, la película de turno o el lugar dónde cenar. Ahora llevamos toda la semana intentando tomar una decisión. ¿Cómo vamos a transportar al bebé?

Y eso que lo teníamos fácil, mi carro me lo prestaron estando de romería. Bueno, bonito y barato. Pero entonces empezamos a conocer parejas en las clases preparto, a recibir preguntas sibilinas de nuestros allegados, a merodear por las webs de productos para bebé…. Y empezamos a preocuparnos por el peso, por el plegado, por la ergonomía y, sobre todo, por el espacio. Vivimos en un piso tétrico, no por triste o melancólico sino porque parece una de las pantallas chungas del Tetris. Y las piezas que entran últimamente, todas relacionadas con Miguel, cada vez son más difíciles de encajar.

Si no tuviéramos carro prestado tendríamos claro que iríamos directamente a por una silla de paseo de las que sirven desde el día de nacimiento. Te evitan tener por medio un bicharraco caro y que sólo vale durante un máximo de seis meses, el carro con capazo. Son un poco más pesadas que una sillita normal de paseo y bastante más ligeras que el dúo carro-capazo. . Sólo hay dos conocidas en el mercado, Bugaboo Bee y Maclaren XLR…. Pero todavía el dilema no ha llegado allí. Tenemos el carro prestado… y nos parece de locos no utilizarlo. Aguantar con él unos meses y luego nos pasarnos a la sillita de paseo ligera, super ligera parece la opción ideal. Pero el carro prestado es tan grande y nuestro piso tan pequeño… que no acabamos de tomar una decisión. Al final, después de tanta coña la semana pasada, acabaremos trasportando a Miguel en un cesta de magdalenas… además están disponibles en el mercado de artículos para bebés, aunque allí los llaman moisés.

Pero, en fin, tengo que confesaros que todo este rollo que os he contado sobre el dilema silla de paseo o capazo es cierto pero también era una maniobra de distracción para dilatar la llegada del notición de la semana. El que nos dieron en la última revisión. La alegría del mes. La victoria genética del siglo: el planeador de Mazinger se ha posado en su cabeza, mi ADN ha vencido la maldición de los Batanero, hemos evitado una desagradable cirugía… ¡El testículo perdido de Miguel se ha plantado en su escroto contra todo pronóstico! Y os reíais de mí cuando rezaba a Darwin.

Por si esto fuera poco el ginecólogo nos dio también la noticia que todo padre de hoy en día quiera oír: nuestro hijo tiene una buena colocación.

Miguel se ha situado en la rampa de salida, encajado cabeza abajo, listo para nacer.

Me diréis que se me cae la baba con mi hijo, pero lo cierto es que aún no ha llegado al mundo y ya nos ha mostrado su capacidad de superación y su actitud emprendedora. Es curioso, mientras todo el mundo me habla de cómo educar a nuestro hijo, yo cada vez estoy más convencido que lo que tendré que hacer es aprender de él.

Os recuerdo que podéis participar en esta aventura bien con vuestros comentarios, bien con vuestras preguntas o bien con vuestros consejos. Para ello disponéis por supuesto en este mismo post de la sección de comentarios, de mi cuenta de Twitter (@chuscurro) o de mi correo chuscurro@decabo.com. Estaré feliz de compartir mis peripecias más de cerca.

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