Peripecias de un Prepapá. Semana 37. Finiquitado.


La próxima ecografía la pienso mirar con los ojos entornados apuntando al frente hacia mi brazo estirado, el puño cerrado y el pulgar levantado. La mejor obra que he hecho en mi vida está casi completa. A partir de la semana 37 se considera que el bebé ha llegado a término. Il bambino é al dente.

Es el momento de respirar lentamente una intensa bocanada de aire. Las peripecias de este prepapá están llegando a su fin. Los acontecimientos comienzan a sucederse a la velocidad de la luz, el tsunami Miguel se acerca por la costa dispuesto a cambiar el paisaje de nuestra vida. Una vida que no tiene por qué ser mejor, ni peor… será, eso sí, diferente.

En unos días nuestro bebé nacerá por primera vez, nosotros por segunda.

El temido tercer trimestre está llegando a su fin, y no era tan fiero el león como se lo pintaban a la futura madre. Está como una rosa y, si exceptuamos la tremenda torpeza que le concede su disfraz natural de luchadora de sumo, se puede decir que tiene menos queja que en los trimestres previos. Ya no hay dolor de coxis, ni revolución hormonal desatada. No hay dolor de espalda y el terrible insomnio veraniego ha sido sustituido por bufidos nocturnos que son perceptibles mientras busca denodadamente una postura en la que la pelota de pilates que tiene por barriga le permita dormir con dignidad… es la misma batalla cada noche, pero acaba ganando el sueño.

Tampoco ha habido ni rastro de reflujos. El mito de que si el bebé tiene mucho pelo provoca ardores, ha caído. Si fuera así, nuestro pequeño melenudo habría convertido el esófago de su madre en el cráter del Vesubio.

El tercer trimestre está siendo peor para el padre, eso sí. Actor secundario en las clases preparto, pluriempleado como asistenta, asiduo visitante del Ikea, bricomaniaco por obligación, mozo de carga y facedor de espacios por doquier. Habrá a quién está descripción le suene exagerada y hasta impostada. Nada más lejos de la realidad. Porque así ha sido mi semana.

He asistido a una clase preparto sobre la lactancia, un tema donde como se puede deducir mi papel será fundamental… lo único que tengo que saber es que he de controlar mi mala leche. Con ayuda familiar he afrontado la operación limpieza total, mis manos han estado tanto tiempo en contacto con el amoníaco que podrían sanar con ellas picaduras de medusa. He acudido a Ikea a descambiar unos cajones de armario y he regresado con una bañera de bebé llena de imprescindibles artículos de decoración de los que desconocía su existencia. Con ayuda de mi padre y mi cuñado, y con la excusa de colgar cuadros y estanterías, he agujereado las paredes de mi casa, lo cual pese a suponer un deterioro estético, va a suponer una ventaja a la hora de controlar al bebé: ¿Quién necesita un sistema de vigilancia de bebé eléctrico pudiendo tener mirillas en cada pared de la casa? Por último he ordenado cajones, estantes y arcones de canapé que nunca antes habían sido ordenados, mandando recuerdos ya olvidados al destierro del trastero o al cementerio del cubo de basura.

¡Me han contagiado el síndrome del nido!… y a Dios pongo por testigo que no ha sido por transmisión sexual.

Ha costado sangre, sudor y un puente de la constitución… pero está todo prácticamente listo. Listo para acabar esta sección en cualquier momento, listo para acoger a Miguel quién ya está finiquitado con todas sus partes de pequeño ser humano, listo para volver nacer por segunda vez en un mundo parecido al anterior pero totalmente diferente.

Os recuerdo que podéis participar en esta aventura bien con vuestros comentarios, bien con vuestras preguntas o bien con vuestros consejos. Para ello disponéis por supuesto en este mismo post de la sección de comentarios, de mi cuenta de Twitter (@chuscurro) o de mi correo chuscurro@decabo.com. Estaré feliz de compartir mis peripecias más de cerca.

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