Peripecias de un Prepapá. Semana 38. Preparidos, listos… ¿ya?


Contracciones y dos centímetros de dilatación.

Podría ser un verso de una canción de Franco Batiatto, pero fue el resultado de la monitorización del pasado martes. Nuestro ginecólogo no se mojó con la fecha, pero su cara, su tono de voz, y sobre todo su “te doy cita para la semana que viene pero seguramente te pondrás antes de parto” me hacían presagiar que hoy no tendría que escribir o que si lo hacía sería con un nuevo título en la sección.

Pero aquí estoy. Prepapeando que es gerundio y, me temo, muy pronto pasado.

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Cuando acudimos a monitores no había síntomas perceptibles más allá de barriguitis aguda y pies de hobbit lampiño. Por monitores entendemos unas máquinas similares a un polígrafo que miden el ritmo cardiaco de la madre y del bebé y también, y aquí es donde entramos en lo más interesante, las contracciones. Sí, porque aunque ella no las había percibido, allí estaban. La máquina de la verdad decía que habían empezado. Así que al ver la gráfica nuestro ginecólogo dijo que había que ver si había empezado a dilatar porque a lo tonto a lo tonto lo mismo estaba de parto….

La medición de la dilatación se hace de manera digital, es decir, con los dedos del médico. Fue un momento tenso, en el que descubrí que mis gracias según el contexto puede que no consigan el efecto esperado sino más bien el contrario. Tomé nota para el día del parto, aunque no sé si podré controlarme porque el humor y la irritación del colón son mis mecanismos naturales de autodefensa… y supongo que no hace falta que os diga cuál preferiría usar.

El veredicto del médico ya lo anticipaba al principio: dos centímetros. Lo cual me sorprendió en primer lugar por la habilidad que tiene el ginecólogo para medir al tacto ahí sin mirar ni nada, y en segundo lugar porque como la fecha de parto prevista era el 28 de Diciembre… no esperábamos encontrarnos en esa tesitura. Para que los neófitos se hagan a la idea, con cuatro centímetro se considera que el parto está empezado y pueden pinchar la epidural.

La hora de la verdad estaba al caer. Hasta ahora había sido un palo meado, un latido mágico, unas reformas en la casa o una barriga en continuo cuarto creciente…. Pero de repente la realidad de ser padres cayó sobre nosotros con toda su inminencia. Pregunté a algunas madres y sus previsiones me constataron lo único que he aprendido, que cada embarazo es una experiencia única, personal e intransferible por mucho que algunas se empeñen en intentar transferirla. La mayoría nos daba 48 horas, otras una semana e incluso una nos dijo que ella estuvo así un mes.

Han pasado cinco días, y Miguel, muy respetuoso él, me ha permitido hacer un estupendo curso que tenía pagado para este fin de semana e incluso asistir a mi cena de empresa aunque con el modo padre responsable “ON” también conocido como “marchar sin siquiera mirar de reojo la barra libre”.

Estamos ultimando los últimos detalles para recibirle. Viendo videos en Youtube de como abrir y cerrar sillas de paseo, o cómo colocar adecuadamente una sorprendentemente enrevesada mochila portabebés.
Youtube tú me diste música, videos de caídas e incluso algún descuido de presentadora maciza… ¿por qué me haces ahora esto? ¿Qué será lo siguiente en mi espiral de degeneración?…. No, no hace falta que me respondas, lo sé. Los cantajuegos.

Hoy la mamá ha creado una falsa alarma preparando un grupo de whassap para las comunicaciones el día del parto. Yo por mi parte acabo de crear una cuenta en Twitter : @Peripeciaspapa (link a twitter) Hasta donde me dejen los médicos y si tengo más de 10 seguidores, la pienso utilizar para contaros qué pasa en tiempo real. Y para colgar allí la primera foto. Es lo que tiene la era digital… aunque para experiencia digital la que va a sufrir la madre.

Me despido de esta sección porque lo anuncian los médicos y me lo dice también la intuición. Pero acudid el próximo domingo para ver si se cuece algo por aquí, y no nos perdáis de vista en Twitter. Vuestra compañía se agradece y mucho. Nuestro hijo va a celebrar su cumpleaños número cero y estáis invitados a su fiesta sorpresa. Tan sorpresa que ni nosotros sabemos cuándo ocurrirá. Tampoco nos importa porque nos conformamos únicamente con que sea un auténtico cumpleaños feliz.

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