Peripecias de un papá – Cómo calmar el llanto de tu bebé. Segunda parte.


Dice una leyenda birmana sobre la reencarnación que para que el paso de la antigua vida a la nueva vida no sea tan traumático olvidamos las cosas poco a poco. El cuerpo recién estrenado no arrastra recuerdos, por eso no sabemos hacer cosas tan sencillas como articular palabras o coordinar movimientos. La memoria del alma sin embargo permanece incólume al principio y se va derramando poco a poco por el desagüe del olvido.

Al nacer somos un alma llena de experiencia, sabiduría y consciencia dentro de un cuerpo novel.
Algunas personas se lo toman como el regalo que es y lo viven en paz y armonía hasta que la amnesia se apodera por completo de la anterior existencia. Otros lo asimilan con frustración, desasosiego o fútil desapego hacia los recuerdos de un pasado que no volverá.

Estos últimos son los bebés que lloran por tocarte los huevos.

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En el capítulo anterior nos encontrábamos lidiando con el llanto de este tipo de bebés, y si traigo a colación esta leyenda birmana que me acabo de inventar es porque cuando tu pequeño llora, muchas veces, tienes la sensación de que te está tomando el pelo, que en realidad controla lo que hace y que posee un negrísimo sentido del humor cuando no telepatía.

Esta sensación se apodera de ti cuando estás buscando la “posición mágica”. Esa que con un alto porcentaje de éxito consigue hacerle callar. Te advierto desde ya que cuanto más incómodo estés tú más tranquilo estará tu bebé. ¿Has probado a ponerlo boca abajo sobre la palma de tu mano izquierda elevada sobre tu cabeza mientras levanta el pie derecho? Pues probablemente funcione. A Michael Jackson por ejemplo le funcionaba sacar al bebé al alfeizar de la ventana. Y a otros les funciona meter al bebé en el coche y dar vueltas y vueltas a la autopista de circunvalación de su ciudad. La explicación científica es que cuanto más mueves al bebé, más mueves también sus gases y de repente la incomodidad de éstos desaparece y con ella su llanto. Yo soy más de creer en la leyenda birmana, son vejetes con mala baba. Un amigo mío, por ejemplo, cree que los bebés vienen con altímetro. Tú lo tienes calmado, aparentemente dormido, pero te sientas porque no puedes con tu espalda… y ¡zas!, vuelven de nuevo a llorar. Y tú vas y te levantas para que coja de nuevo el sueño… y funciona.

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Pero no os confundáis, cualquiera de los casos descritos en el párrafo anterior no pueden considerarse “posición mágica”. Sólo podemos hablar de “posición mágica” con propiedad cuando nos referimos a aquella en la que el bebé está calmado y tú estás cómodo. Lo demás es tortura física y maltrato telepático por parte de tu bebé.

Para conseguir encontrarla tienes dos grandes aliados el cansancio y la paciencia. Por muy joven que sea el cuerpo de tu bebé, llorar muy fuerte moviendo manos y pies cansa más que sujetar 4 o 5 kilos de peso en brazos. Tú lo sabes y él no lo sabe… aprovéchate. No desesperes, y, sobre todo, no muestres tu desesperación. Tú bebé no habla, ni sabe hacer mímica, el único método de comunicación efectivo que tienes con él es tu estado de ánimo. Utilízalo. Be water, my friend. Los recién nacidos no saben que existe una cosa que se llama paciencia que se pierde fácilmente. No se lo enseñes, no muestres tus debilidades. Los padres que hallan el éxito es porque permanezen (permancen zen).

Tardé dos semanas en encontrar mi postura mágica, y tres meses después aún me funciona con un alto porcentaje de éxito. La utilizo siempre que quiero dormirlo aunque reconozco que a veces sucumbo a la tentación de usar el altímetro y la ejecuto de pie, pero en cuanto puedo me vuelvo a sentar. Sé que también con los bebés el factor suerte es crucial y como siempre digo no hay una panacea universal. Pero a mí esto me ha ido bien, y si mis consejos pueden ayudar a otro padre novato, aquí los dejo.

Paciencia, persistencia y el cansancio del bebé son tus mayores amigos, recuérdalo. Aunque te advierto que hay un ser que no tolera tan bien lo de la paciencia, un ser que no permitirá que el bebé se canse, un ser que no resiste su llanto más de veinte segundos sin tratar de arrebatártelo de los brazos. Un ser que aunque no es mitológico, en los momentos críticos, llora leche por sus pezones. Sí, en efecto, la madre de la criatura. Pero eso ya es otra historia.

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2 Comentarios

  1. moda y belleza
    27 marzo, 2013
    • Chuscurro
      27 marzo, 2013

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