Peripecias de un papá: Qué sustos más tontos dan los bebés.


Tranquilos, el título no tiene nada que ver con la ausencia de esta sección en las últimas semanas. El enano sigue progresando adecuadamente y nosotros cada vez nos volvemos más acérrimos seguidores de él, somos subjetivos, aduladores de sus avances y justificadores de sus puntos débiles. No es sólo que nos parezca guapo y bueno, es que nos parece un canon de belleza física y un modelo de conducta ética y social.

Pero a pesar de la merma de la razón no he perdido de vista el sentido de esta sección, su labor de servicio a futuros o contemporáneos padres. Por eso hoy quiero advertir sobre unos cuantos “sustacos” que de haber conocido de antemano me hubieran ahorrado algún que otro momento de crisis del novato.

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Hipo: Afortunadamente de este me advirtieron, pero lo traigo aquí porque es el más común. El hipo sucede casi a diario y se retroalimenta con el llanto. Cuando más llora el bebé, más hipo tiene. Y no, no se limita, como sucede en los adultos, a proporcionar un leve, aunque molesto, respingo. El hipo del bebé produce convulsiones cuasi-epilépticas. Si no te han advertido podrías asustarte y llamar a urgencias, o, si eres fan de las películas de terror, al padre Karras.

Sangre en la orina: Si ves que tu recién nacido tizna el pañal con unas manchas rojas que se entremezclan con el pis no pienses que la culpa la tienen esas gotitas de vodka que le echaste en el biberón para que durmiera mejor. No te preocupes, simplemente está sufriendo un infarto úrico. Sí, ya lo sé, este nombre no tranquiliza demasiado. Pero no es grave la cosa. Nosotros nos pegamos un sustaco pero luego averiguamos que: “durante los primeros días de vida, el niño crece a gran velocidad y realiza una serie de cambios que implican la destrucción y nueva creación de gran cantidad de células. En este proceso se libera a veces mucho ácido úrico que se elimina por la orina dándole un color rojo teja.”

Estreñimiento: Nosotros no lo sabíamos, pero es normal que un bebé pase varios días sin defecar, de hecho si lo piensas bien, es una de las mejores preocupaciones que puedes tener. Falta de actividad (y por tanto de movimiento de tripa) y, falta de coordinación entre los movimientos intestinales y la apertura del esfínter (no es coña) son las principales razones. No hace falta que lo lleves al médico a no ser que lleve más de cinco días, que le estés dando leche de fórmula, o que huela mal y le salgan excrementos por otros orificios. Pero, sobre todo, nada de meterle ramitas de perejil untadas en aceite ni otros objetos mancillantes por el culo. La sabiduría popular es la mayor enemiga del ano de un enano.

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Meconio: Siguiendo por una senda escatológica de las que es difícil apartarse cuando se habla de bebés, llegamos a otro clásico del que si no oyes hablar podría causarte cuando menos sorpresa. Los meconios son las primeras cacas del bebé, caracterizadas por su color negro petróleo, su tacto pegajoso y su similitud a la crema de chocolate con la que coronan los gofres. Lo peor sin duda, su nombre, muy en la onda de otros palabros ginecológicos, que si en vez de oirlas en su consulta las oyeras en el piso de arriba pensaría que tienes unos nuevos vecinos griegos: obstetricia, loquio, puerperio, calostro, episiotomía o mastitis (sí, como comentabas cuando entrabas a una discoteca llena de tíos)

Leyendas urbanas: Por último quisiera desterrar un par de leyendas urbanas que causan el terror de los padres primerizos:

1- El cuello que parece que se va a romper. Hay que sujetarle la cabeza al recién nacido porque no es cómodo que vaya dando tumbos como un pecho de Sabrina sin sujetador pero, confirmado por la matrona, hay que ser muy bruto para romper el cuello a un bebé. Así que cuidado con la cabeza sí, miedo ninguno. Y que las abuelas no os calienten la cabeza si apartáis la mano de su nuca más de dos segundos.

2- La cabeza abierta es más débil. Al revés, esa apertura existe para que el cráneo más flexible permita más fácilmente la salida del bebé al exterior. Por tanto esa flexibilidad no se pierde una vez fuera. Como todo, no hace falta botarla contra el suelo para chulear de conocimientos anatómicos pero que no os causen miedo las fontanelas (por eso si un bebé cae al suelo se dice: qué buenas son las galletas fontanelas)

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2 Comentarios

  1. David
    6 mayo, 2013
    • chuscurro
      6 mayo, 2013

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