Disquisiciones filosóficas de un Zen tollo.


No es fácil ser un centollo. En serio, los que os quejáis de que es una putada que os inviten a una boda, tenías que ser centollos. Yo hace tiempo que prefiero comprar un regalito y no ir. No me la juego. A mí no me lían.

Nada tiene de especial dos centollos que se dan la mano. El matiz viene después cuando lo hacen por encima del mantel. Sobre una bandeja.

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Humanos, a mí no me vengáis con esas de que el aspecto físico os ha marcado vuestra carrera profesional. Soy un centollo. La gente me juzga sin conocerme, sin siquiera adivinar el crustáceo que ese esconde bajo mi caparazón de timidez. Algunos quieren partirme las piernas sin siquiera mediar palabra conmigo. Otros me tratan de sorber el seso sin valorar antes mi opinión o sin conocer apenas mis influencias filosóficas, variadas y submarinas por igual.

Soy feo. Doy miedo. Vale. Pero yo voy a mi bola sin hacer daño a los demás mientras vosotros cocéis vivos a mis semejantes sólo por su apariencia. ¿Es o no un buen motivo para que me hierva la sangre?

Antes de meterme en el mismo saco que al resto, tratad de conocerme. Me gusta el cine y el teatro. Lloró con una buena opera, y aunque el ballet no termina de enamorarme no tengo reparos en reconocer que a veces me gusta ponerme de puntillas y tararear a Tchaikovsky. Si en lugar de pinzas tuviera castañuelas me daría por las danzas regionales. Eso sí, no me gusta la zarzuela. No es un género chico. Es un genocidio.

Lo confieso. Es más fácil encontrar motivos para la contrariedad que estar la mar de contento. Pero no cuela. Sobre todo en vosotros, especie quejumbrosa incapaz de utilizar un cascanueces con indolora sutileza, no cuela echarle la culpa al aspecto o los prejuicios de los demás. No cuela perder sin intentar ganar. No cuela llorar antes de tiempo. No caigáis en vuestras propias redes. No os quejéis tanto. . ¿Acaso creéis que yo no caigo en la tentación de ver más verde el delantal del pescadero vecino que el mío propio? Seguro que vuestra vida no es fácil, pero pensad más difícil es ser centollo

Hay un océano de oportunidades para el que sale a buscarlas. Y digo yo que mejor morir ahogado en pos de un canto de sirena que amarrarse a una roca por miedo. Total, para que luego un día te eche el lazo una pescafortunas y acabe contigo el mismo día de la boda. O en Navidad.

Pero bueno, no me hagáis caso. Que se me va la pinza.

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