Te lo advierto: no me invites más al Candy Crush.


Vibra el móvil. Un vistazo de reojo sirve para comprobar que el motivo es una nueva notificación en tu Facebook. Será una tontería te dices. Estás centrado en tu trabajo. Y lo ignoras. Al menos lo intentas.

Se te pasa por la cabeza que puede ser que te hayan etiquetado en algunas de las decenas de fotos que te sacaron el sábado por la noche cuando el exceso de alcohol en tus venas te hizo pensar que bailar en calzoncillos sería divertido. O quizás por fin has recibido una invitación para ser jurado de una fiesta de miss camiseta mojada. Puede que incluso que tu “ex” del instituto se haya acordado de ti y haya decidido añadirte como amigo. Sientes que debes chequear la notificación.

Qué importa si eso te despista de tu trabajo por unos segundos, a fin de cuentas tu paciente está anestesiado y no se entera, además es muy posible que ni sobreviva a la operación a corazón abierto, con lo que tu equipo de quirófano tampoco va a tener la tentación de contárselo.

Total que miras la notificación mientras sientes la mirada de reproche de Hipócrates en tu nuca. Es entonces cuando la expectación se transforma en frustración, cuando la calma se torna ira y cuando clavas el bisturí en el glúteo dormido que tienes ante ti para descargarla. Y gritas:

– Que no, cojones, que no quiero jugar al Candy Crush… Por cierto enfermera, páseme una gasas con agua oxigenada y grapas de para suturar.

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No quiero jugar al Candy Crush. Tengo otras cosas más interesantes que hacer en mi vida como por ejemplo tumbarme a la bartola a observa como surgen telarañas en las esquinas del techo.

Sólo porque seas mi amigo en Facebook no tienes derecho a acosarme. No quiero jugar al Candy Crush. No me apetece. Cada vez que veo tu invitación me gustaría meterte en el ojete las frutas del dichoso jueguecito, de tres en tres, para que te exploten dentro.

Puede que tenga un carácter hosco, me echaron del casting para ser un Angry Bird por excesivo temperamento, pero al igual que no se te ocurriría invitar a un mojito a un ex alcohólico, por qué narices tienes tan poca sensibilidad de invitarme a mí a un juego adictivo. A mí, que me acabe el Quake 2 en un fin de semana de vigilia salvando la partida cada diez segundos, a mí que tuve que dejar de tomar bebidas con burbujas para que no me entrasen ganas de jugar al Pang, a mí que veía los partidos del Pc Fútbol en modo larga duración.

Basta ya de enviar invitaciones al tuntún. Piensa un poco. Valora que quizás no merezca la pena condenar a un teórico amigo a una vida de adicción frutícola para ganar qué… ¿unos míseros créditos?¿una vida extra?¿una pista? Tú te metiste en el Candy Crush, ahora sal por tus propios medios, no nos arrastres a aquellos que en algún momento de debilidad en nuestra vida decidimos aceptarte como amigo en Facebook para que te sintieras socialmente aceptado.

No pongas excusas como “yo no sabía que pulsando aquí te invitaría por septuagésima vez en tres días”. Si no lo sabías, te informas, porque bien que buscas en foros cómo pasar de pantalla.

Así que hazme un favor, hazte un favor. No me invites más al Candy Crush o juro que no tendrás suficientes kilómetros en tu Runtastic para escapar de una patada en los huevos de tu Farmville.

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