Unos padres organizan un referéndum para independizar a su hijo.


Benito San Guijuelo, de 37 años de edad, creyó que el sobre lacrado que sus padres le entregaban acompañados por un notario bajito podría contener una propuesta formal de carta a los Reyes Magos. Lo que no imaginaba es que aquel sobre contenía una papeleta con dos preguntas:

– ¿Quiere usted que Benito se vaya a vivir a otro lado?
– Si la respuesta anterior es afirmativa. ¿Independientemente?

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No sería incorrecto hablar de propuesta soberanista porque al padre de familia se le ocurrió la feliz idea mientras observaba, con una copa de brandy Soberano en la mano, a Artur Mas en el telediario de las tres. Durante años se había dejado avasallar por los caprichos de su único hijo, estudiante de oposiciones de profesión e incapaz de ayudar en casa porque siempre estaba con las manos ocupadas: una con el mando a distancia y la otra rascándose los huevos.

Aquel celebrado día al padre se le hizo la luz al descubrir que lo que hasta entonces había sido para su hijo el pasaporte a la vida contemplativa podía convertirse ahora en su talón de Aquiles: su condición de vástago exclusivo y singular. La injusta justicia de la democracia en forma de consulta popular podría acabar con sus privilegios si conseguía convencer a su mujer y hacerse con la mayoría absoluta.

No resultó tan fácil como esperaba pues para una madre siempre resulta difícil dejar volar a su retoño del nido incluso si el retoño en cuestión tiene el nido como una cochiquera y es de los que considera que la autosuperación consiste en conseguir establecer un nuevo record en la Play. Pero finalmente un día en que el “niño” desoyó sus advertencias y pisó por el piso recién fregado de la cocina, con la nimia excusa de hacerse con una lata de cerveza de la nevera, se colmó el vaso de su paciencia y accedió a la propuesta de alianza de su marido.

Lo demás forma ya parte de esta historia: notario bajito, referéndum y una mayoría absoluta asegurada. El futuro de Benito parece ya fuera del hogar familiar, aunque lejos de resignarse está luchando para que se considere a la pelusilla de su ombligo, por el periodo de larga estancia en su tripa y por ende en la casa, miembro de la unidad familiar con pleno derecho a voto.

Seguiremos informando.

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