Cosas que odio con toda mi alma: Publicidad en el parabrisas del coche.


Aprovechando este espíritu de bondad y buenas intenciones que nos acompaña al empezar el año, he querido rescatar una de las muchas secciones que he creado en este blog y que luego he dejado pudrirse en el olvido sin el menor remordimiento.

Tengo una ración de inquina lista para verter sobre un colectivo en particular: los empresarios que deciden que la mejor forma de publicitar su negocio es llenándote de panfletos el pequeño hueco que existe entre la escobilla limpiadora y el parabrisas de tu coche. Con esta gente emprendería. Quiero decir la emprendería, a guantazos, claro.

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No, en serio, ¿Cuál es su táctica de venta? Piensan: “seguro que este tipo cuando vea que le hemos puesto el cristal del coche alicatado como si fuera el suelo de un nido de cigüeña, se volverá loco por comprar lo que ofrecemos”. No sé vosotros, pero uno de mis lemas en la vida es: empresa que me pone panfleto en el coche, empresa a la que no compro nada.

Si has aparcado cerca de una papelera la molestia no es muy grande, pero si como suele ser la norma general no hay papeleras a la vista, hagas lo que hagas tienes la molestia asegurada:

– Coges el papel y lo arrojas al suelo: Eres un guarro consciente de tu naturaleza. Realmente para ti no es un gran problema que haya publicidad en el coche, de hecho disfrutas haciendo una bola de papel con ella y arrojándola al suelo con desprecio. Ahora puede que no te pase nada, tío…. Pero morirás entre mierdas de gato con síndrome de Diógenes.

– Pasas de recoger el papel: Eres un guarro inconsciente o que lo único que quiere mantener limpio es su conciencia. Al final pagarás tu dejadez. El papel de publicidad irá dándote por saco unos kilómetros como si llevases una gaviota aleteando en la escobilla del limpiaparabrisas (nota aclaratoria para los amantes de los animales: nunca he llevado una gaviota aleteando en el cristal delantero de mi coche, es una elucubración ficticia). Al final, con suerte, o con tu ayuda el papel se liberará y volará, en el mejor caso, a ensuciar el mundo o, en el peor caso, a impregnarse sobre el cristal de un autobús de escolares nublando su visibilidad, lo que hará perder el control al conductor y lo estrellará contra una gasolinera situada bajo una torre de viviendas, que irremediablemente explotará. Así que ojito, pocas bromas con este tema de la publicidad en el coche que nos jugamos mucho.

– Coges el papel, haces una pelotilla y la guardas en tu coche esperando al día que aparques cerca de una papelera. Eso inevitablemente llevará a tu coche a convertirse en un contenedor de papel. Irá creciendo poco a poco sin llamar tu atención, así que sólo te darás cuenta del vertedero en que lo estás convirtiendo cuando veas por el retrovisor como un gitano cuela medio cuerpo por la ventanilla de atrás para sacar todos los desperdicios y cargarlos en su camión de chatarra cartonera que circula en paralelo a tu coche por la autopista.

Pero dentro del odio con toda el alma que provoca la publicidad en el coche, hay una eventualidad que hace que se me ponga el pelo como a un superguerrero y el genio como a un ama de casa que acaba de ver a sus hijos pisar por el suelo recién fregado: Cuando los muy “x “(elijase el taco malsonante de su preferencia y colóquelo en lugar de la x) te colocan la publicidad durante un día de lluvia. Resultado, la publicidad es ilegible y se adhiere a tu parabrisas como un constructor al concejal de urbanismo de su pueblo. ¡Bravo!, has conseguido mancharme todo el cristal y mi odio más absoluto por nada. Estupenda estrategia de marketing, la próxima vez puedes llenarme el coche de polvo y luego escribir con una meada el nombre de tu empresa… El efecto sobre tus beneficios será el mismo pero al menos podremos exponerlo en ARCO.

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Últimamente, no sé si por la crisis, esta costumbre vándalo-panfletera está en auge. Además, no sé si es casualidad o tiene algo que ver con llevar un par de dados de peluche en el espejo retrovisor, un Elvis en el salpicadero y un calendario de Interviú haciendo las veces de cortinilla para el sol… El caso es que cada vez me ponen más publicidad de casas de meretrices en el coche.

He de decir que en este caso sí podría tener cierto sentido “marketiniano”. Me explico, no es que me surjan ganas de enriquecer su negocio al ver su tarjeta en mi coche… pero si me asegurasen que es la propia trabajadora del amor la que me ha colocado la publicidad en el parabrisas, quizá sí me surja la tentación de visitarla, no por obtener placer de pago, sino para obtener venganza, haciendo uso de los servicios anunciados, mandándola literalmente a tomar por culo.

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