A propósito de mujeres barbudas.


Tras el triunfo anoche de Conchita Wurst en el festival de Eurovisión, creo que puede ser un buen momento para rescatar una historia idiota que escribí hace mucho, mucho tiempo sobre circos y mujeres barbudas.

Ya que la española hizo un “Dancing in the rain”, yo voy a intentar hacer un “Make them laugh” para continuar con el homenaje a “Cantando bajo la lluvia”

¡Feliz Domingo!

ConchitaWurst

EN EL CIRCO.

(Un hombre entra en la oficina de un empresario de circo, con intención de buscar empleo)

HOMBRE: Buenos días.

EMPRESARIO: Buenos días. ¿Qué se le ofrece?

H: Pues espero que se me ofrezca un empleo. Porque verá, me enterado de que necesitan gente para su espectáculo, y como siempre me he considerado en posesión de cualidades innatas para este mundillo, venía a ver si podía hacerme con un puesto.

E: Bien, ¿qué terreno domina usted? Por su porte varonil podría ser el domador de jirafas que andamos buscando. El espectáculo tendría el ingenioso nombre de “Girafa” y tendría hacer que el animal diera vueltas a su cabeza sin parar hasta que se literalmente se le haga un nudo en la garganta ¿Genial, no?

H: Más bien tronchante, diría yo. En cualquier caso eso no es lo mío. Además no me relaciono bien con los animales desde que de pequeño mis padres me llevaron al zoo.

E: ¿Qué paso?, ¿no le gustó la visita?

H: ¿Visita?, nadie ha hablado de visita, me llevaron a vivir allí. Éramos pobres, y ellos necesitaban encontrar un sitio donde sus hijos estuvieran bien alimentados.
(Mirando al cielo y suspirando)
¡Qué buenos estaban los panchitos que me tiraban las señoras!

E: Bueno yo me alegro por usted y por sus recuerdos, pero, si la doma no es lo suyo, ¿cuál es su campo?, ¿malabarismo quizás?

H: Pues precisamente eso tampoco, porque una vez tuve una tonta discusión con un vecino de jaula y me comió una mano. Esto que llevo no es más que una prótesis. (Agita una mano con la otra).

E: Lo siento mucho, y no quisiera parecer insensible, pero lo que yo quiero saber es qué demonios es lo que sabe usted hacer.

H: Bien, sin duda alguna lo mío es ser hombre barbudo.

E: Aaaaay(suspirando). Perdone, pero para ese puesto buscamos una mujer.

H: ¿Y qué más da un hombre que una mujer? No me dirá que a estas alturas de siglo todavía es de los que discriminan a los solicitantes de empleo en función del sexo.

E: No es cuestión de discriminación. Compréndame, es que para esta atracción las mujeres tienen más gancho.

H: Más gancho, más gancho. Lamento ser directo, pero me produce repulsa e indignación contemplar como en una sociedad moderna como la nuestra hay quien como usted se vale de burdas excusas, como el hecho de tener más o menos gancho, para seguir practicando la discriminación indiscriminadamente. ¿No será usted feminista radical? No me extrañaría lo más mínimo. Seguro que es de los que va por ahí pisoteando los derechos de los hombres pasándose por el forro de su masculinidad la lucha por la igualdad que nuestro género ha sostenido durante tanto tiempo. ¿Está usted seguro que quiere seguir tirando por la borda cientos de años de reivindicaciones en pos de la igualdad y dejar en la calle a un pobre lisiado como yo? (se agarra una mano con la otra y la vuelve a agitar). Hombres con prejuicios sobre otros hombres… los peores.

E:(Con un gran complejo de culpabilidad). Quizás tenga razón, quizás he pecado de insensible. Es posible que se merezca una oportunidad. Está bien el trabajo es suyo.

H: Muchísimas gracias, sabía que una persona con tan regia figura no podía ser un desalmado. No le decepcionaré. ¿Cuando empiezo?

E: En un par de semanas ha de pasarse por aquí.

H: Así lo haré. ¡Hasta la vista!

E: ¡Hasta la vista!… ¡Ah!, y no olvide dejarse barba.

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