Peripecias de un papá – Having Flan

Con algo más de año y medio de existencia a sus espaldas nuestro bebé pronuncia con toda claridad la frase “Es mío”. No sé si la aprendió de nosotros, de otros niños o, viendo como está el mundo, es que la esencia de la humanidad le está empezando a brotar por las cuerdas vocales.

Por suerte todavía no comprende del todo su significado y la utiliza lo mismo para reclamar la posesión de un juguete que para mostrar su desacuerdo ante una incursión sorpresa de dedos cosquilleros.

El caso es que me temo que nos hallamos en un momento clave para apartarle del lado oscuro del egoísmo y mostrarle las ventajas de compartir.

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¿Alguna vez habéis probado a preguntar a alguien por el mejor momento de su vida? Yo sí. En la mayoría de los casos refieren una experiencia compartida con otra persona. Y sin embargo, así son las contradicciones del ser humano, a la mínima ocasión nos vemos tentados a barrer para casa, actuando de un modo interesado y egocentrista. Si buscamos las raíces de la mayoría de los males que nos rodean, normalmente la encontraremos en un acto de egoísmo exacerbado acompañado de una avaricia sin límites.

Pero por mucho que el materialismo nos ciegue, yo pienso de verdad los seres humanos somos sobre todo seres sociales. Creo que “compartir es vivir” más allá de una frase bonita es una afirmación que refleja literalmente el sentido de la vida. Por eso también creo que si nuestro hijo aprende a compartir podrá obtener mayores momentos de felicidad a lo largo de su existencia, que es a fin de cuentas lo que se le puede sacar a esta vida.

En cualquier edad la mejor manera de mostrar un camino es andando. Sin embargo los “mayores” tenemos tendencia a excedernos con la teoría y a veces tratamos incluso de ocultar mediante la retórica nuestra incapacidad de predicar con el ejemplo. Con los niños eso no funciona, aprenden únicamente de lo que ven, más aún cuando el lenguaje es aún un mero vehículo descriptor de objetos. Al igual que no puedes calmar el llanto de un bebé si no te calmas tú primero, no puedes pretender que comparta si no compartes tú primero.

Eso me he llevado a plantearme las veces que me comporto de manera egoísta durante el día frente a las que comparto… y he perdido por goleada. También me ha llevado a darle importancia a uno de los mejores momentos del día, el momento en el que compartimos el flan.

Having flan

Desde luego este momento nunca nació con vocación de aleccionar acerca de las bondades de la colaboración. Simplemente una noche fui a tomarme un flan de postre y como el bebé comenzaba a probar nuevos alimentos le di una cucharada. Como le gustó, repetimos la experiencia más noches. Y creamos un hábito. Al poco de empezar esta tradición él ya recibía entre sonrisas de felicidad pura y aplausos el anuncio de que me dirigía a la nevera a por dicho postre. Corría a ocupar en el sofá su sitio para estar sentado junto a mí. Desde entonces, el flan siempre nos lo tomamos a medias. Hay noches que tiene mucho hambre y se lleva la mayor parte y hay noches en las que se siente más lleno en las que apenas acepta dos cucharadas… pero siempre, siempre, siempre celebra la llegada del momento con el mismo entusiasmo.

Ahora que empieza a utilizar el “es mío” indiscriminadamente, incluido con alimentos, creo que el flan está a salvo. Pienso que él no contempla otra manera de tomarlo que no sea repartiéndolo conmigo (y yo empiezo a pensar igual). Importa ante todo la experiencia de compartir por encima de la atesorar más cantidad de postre. Estoy seguro que si dentro de unos años se pudiera viajar en el tiempo, yo regresaría muchas noches a esta época, a tomar un flan con mi bebé y sería yo el que recibiría el momento con indisimuladas sonrisas de felicidad y aplausos.

He llegado a la conclusión de que enseñar a compartir no consiste en decirle que deje sus juguetes a otros niños en el parque sino en hacer memorables aquellos momentos en los que se comparte algo. Que para contribuir a que mi hijo sea más feliz tengo que aprender a ser menos egoísta. Y que esté camino hemos de recorrerlo juntos, divirtiéndonos… having flan.

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