Peripecias de un papá – ¿Nos hacemos un sinpa?


A pesar del título que nadie se escandalice, no estoy introduciendo a mi hijo en el fabuloso mundo del escapismo de bar. Cuando hablo de bebés (¿hasta qué edad se les sigue considerando bebé? ¿los 36? ¿meses o años? ) el término “sinpa” lo utilizo para referirme al proyecto de fin de guardería que mi hijo tiene que afrontar este año: acabar sin pañal.

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La verdad es que el tema del cambio de pañales lo he llevado bastante bien. Desde que mi hijo tuvo a bien marcarme el corazón con un chorro de su producción intestinal, y no hablo de manera metafórica, se me quitó cualquier resquicio de escrupulosidad que hubiera podido tener. De hecho, para los que aún no lo hayan experimentado, la dificultad del cambio del pañal no depende tanto del contenido del mismo como de la resistencia que el bebé pueda oponer, algo más habitual a medida que van creciendo y quieren imponer su voluntad. No hay que subestimar la fuerza de un bebé. He visto detenciones de los antidisturbios con maniobras de retención a miembros de la kale borroka mucho más apacibles y pacíficas que las que las que tengo que aplicar yo a mi pequeño cuando se niega a ser “apañalado“. También he oído a sopranos gritar con menos potencia vocal cuando el chorro de su ducha ha pasado de repente de caliente a frío que la que tiene el llanto de cabreo de un bebé que está siendo cambiado contra su voluntad.

Obviando estos esporádicos altercados es indudable que tanto por la propia comodidad del enano como por el pequeño alivio que supone al bolsillo estoy a favor de retirar el pañal de nuestras vidas y de su culo cuanto antes. Aunque claro, lo malo es la espiral competitiva en la que caemos sin querer. En el mundo inocente y sin exámenes de la guardería, ya nos encargamos los padres de poner los baremos comparativos con nuestras bravuconadas sobre el primer paso, la primera palabra y el primer pis.

Me he leído la biografía de Einstein, Kant y Chiquito de la Calzada y en ningún lugar se hace referencia a su precocidad a la hora de quitarse el pañal, sin embargo me estoy imaginando alguna de las conversaciones que pudieron tener sus padres.

  • ¿Sabes que Albertito ha ganado el Nobel de Física?
  • Ya, pero no creo que eso le arrebate el estigma de haber llevado pañal hasta los 3 años.
  • Sí, lo sé, y además vaya pelos que me llevaba en la gala de entrega del premio. Con lo bien peinados que iban todos. Este hijo mío no me da más que disgustos.

Durante la reunión de inicio de curso en la guardería se pudo comprobar como todos los padres y cuando digo todos es todos, ejem, usaron, digo usamos, nuestros turnos de intervención para destacar las habilidades innatas que se atisbaban en nuestros hijos para hacer sus necesidades sin pañal. Algo que en el mejor de los casos los iba a colocar dos años por detrás del Orangután Kakotas (Pongo aleladus) en la consecución de tal logro.

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En fin, que el tema del pañal dará que hablar, cuando entremos en la fase de retirada ya haré un post sobre ello porque imagino que puede ser útil a los padres que venga por detrás. Al nacer en Diciembre supongo que será de los últimos de su clase en afrontar el gran reto, por tanto mi reto como padre es que lo haga sin ningún tipo de presión añadida por nuestro lado.

Desde la ignorancia aún, creo que como con casi todo lo mejor es simplemente observar y divertirse con sus ocurrencias, teniendo siempre lista una fregona para pasar a la acción. Ayer sin ir más lejos Miguel dijo que quería hacer pis mientras se bañaba, le dijimos que adelante y acto seguido intentó, afortunadamente sin éxito, ordeñarse la cola…. No sé si hicimos bien dejándole ir a esa excursión a una granja.

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