Y van 135


Esta vez ha sido en El Líbano. Esta vez no ha sido por repartir magdalenas bajo el titulo de “misión humanitaria”, como en Albania, Mozambique, Indonesia (en este caso bajo el explicito nombre de “Respuesta solidaria”), Haití… sino que esta vez ha sido en el nombre de la PAZ, noble ideal con la excepción de que los lugares donde tratamos de imponerla a golpe de palote, sugus y piruleta y exponiendo el pellejo nos importan un carajo. Ni nos importa aquella gente ni nos importa que consigan su paz, algo que en muchos casos ni se merecen. ¿Insolidario? No. Simplemente realista y una forma de decir algo que sale de ojo. Un ejercito no esta para hacer eso.

Han muerto 6 soldados más en misiones en el exterior y ya van 135. 135 muertos absolutamente para casi nada. ¿Defendían los intereses españoles en el exterior? En algunos casos ¿Tenían como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional –como marca la constitución-? Obviamente la respuesta es no, por tanto dichas misiones no deberían haber tenido lugar.

Las misiones en las que el gobierno de turno crea que esta en peligro la seguridad de España, como paso con Irak, y como pasó y pasa con Afganistán, la presencia militar española es justificable pero nunca en el resto de los casos. Casos en los que vamos a repartir alimentos como una ONG con pistolas o a hacer de policía para que 2 grupos de terroristas o de bandas narcotizadas se enfrenten, como en oriente medio y en África respectivamente.

Lo que el político de turno y los títeres de Naciones Unidas entienden como misión de paz seria lo siguiente: “Misión el la cual con la presencia de hombres fuertes y vestidos de camuflaje se solucionan los problemas sin el mínimo esfuerzo”. Paz. Palabra tan bonita como prostituida en este ámbito. A ver si dejamos de engañarnos para calmar nuestra conciencia y afrontamos la realidad. Acudir a una zona de conflicto donde se da orden expresa a los militares de que no hagan ostentación de armas, para no alarmar a la población, de que vayan con los cañones de los vehículos militares tapados con lonas y de que no se organicen grandes despliegues para no dar la sensación de fuerza invasora es dejar a los soldados que allí acuden a su suerte. Es como si alguien dispone de 5 rifles para cazar un león pero los deja en el coche y acude a cazar al fenilo en calzoncillos y chancletas.

Una misión a la que van soldados, por definición, no puede ser de paz. Si fuera de paz irían monjas, pero nunca soldados. Si acuden soldados, es por que no hay paz, y de ser así estos deben hacerlo con todas las de la ley, es decir con lo que los mandos militares y no los políticos estimen oportuno que deben llevar. Si son BMR, BMR pero si son blindados, blindados. Y si eso no se acepta, es mejor no ir. Cuando esto no es así, como ocurre en las mal llamadas “misiones de paz”, los militares no solo no pueden hacer su trabajo, sino que además se esta poniendo en peligro sus vidas.

España debe decir ‘no’ a las misiones de paz y que los soldados que salgan de nuestras fronteras lo hagan con el casco de camuflaje y la bandera española, y no el casco azul y la bandera del mismo color que indica “blanco perfecto”, además únicamente deben hacerlo cuando la seguridad o los intereses españoles estén en peligro y nunca para poner, imponer o rogar la paz siendo los conejillos de indias en ningún país de radicales que no se merecen ni la mitad de los esfuerzos humanos y materiales que la comunidad internacional hace, hacemos, por ellos.

Ser soldado es muy fácil y muy complicado al mismo tiempo. Es sencillo por que solo hay que hacer una cosa: lo que te manden. Es complicado por que lo que te manden suele implicar jugarte la vida. Cuando alguien decide ser soldado, lo hace asumiendo lo segundo pero lo hace gustosamente, por amor a su país y a unas ideas que no son precisamente repartir caramelos y construir casas de adobe en mitad de un desierto. Evidentemente nuestros soldados harán eso y lo que les manden, por que son profesionales, pero se corre el riesgo de que las FAS como institución pierda el respeto y admiración de los ciudadanos, logrando la desmotivación de los jóvenes que desean integrarlas. Estos 6 y los otros 129, DEP.

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