La culpa de la pobreza mundial la tengo yo … y tú, por supuesto.


A la hora de hablar de la pobreza hay unas constantes que nos acompañan: la hipocresía y la falta de autocrítica. Siempre buscamos excusas, los gobiernos no donan el 0’7 %, los mandatarios de países del tercer mundo están corruptos, yo solo no puedo hacer nada…. Paparruchas y camelos. Somos tan falsos como los paquetes hipotecarios de los bancos americanos. No sabemos o no queremos verlo, o simplemente es muy duro digerir que por culpa de nuestro egoísmo un niño en algún lugar de este planeta ha muerto mientras estamos leyendo esto.

Si nos paramos a pensar fríamente, no podemos más que abochornarnos. Somos seres incapaces de renunciar a algo tan insignificante como cambiar nuestros yogures Danone azucarados por unos de marca blanca. Por no hablar de tener un coche más barato, o simplemente no tenerlo. Nos hipotecamos a un banco por 30 años pero nos resulta imposible poner en riesgo las vacaciones de un solo año, por ayudar a quién nada tiene. Decimos que vamos a hacer algo, pero siempre lo postergamos a un momento, que nunca llegará, en el que estemos mejor. A ese momento en el que no necesitemos una reforma en el baño, un coche nuevo para que quepan mejor las maletas, una casa más grande, o un abrigo menos desgastado. Que ironía pensar eso y que haya gente muriendo de frío en nuestras calles al mismo tiempo.

Eso sí y luego nos quejaremos de los ricos o de los gobiernos… la pelota al tejado de otro. Unos gobiernos que sacan pecho cuando dan el 0’7 %, pero que realmente, si unieran fuerzas al menos en los llamados países desarrollados tendrían poder para acabar con TODA la pobreza del mundo. Unos gobiernos que son la imagen del pueblo al que gobiernan.

Y precisamente hoy no vale la excusa de que es muy difícil poner a todos de acuerdo. Porque ahora están todos de acuerdo en unirse para acabar con la denominada “crisis mundial”. E inyectaran a ese otro ente abstracto llamado “economía mundial” un dinero que podría haber evitado la muerte de millones de niños inocentes que nada saben aún de hipocresía, egoísmo y falta de autocrítica.

Sin embargo esos miles de millones irán a parar a los bancos, que los utilizaran para mantener este falso “estado de bienestar”. Y gracias a ese dinero yo podré seguir tomando mi yogur azucarado ( de la marca Danone, por supuesto) , y tú podrás seguir manteniendo ese coche tan bueno y él tendrá una casa con piscina y pista de padel… Y todos diremos que ya no hay crisis. Y ya no nos quejaremos. ¡Qué gilipollas somos todos y que egoístas!

… Y sobre todo COBARDES. Porque, por ejemplo yo, sabiendo todo esto, lo máximo hago es escribir este artículo esperando que con un mucho de suerte azuce la conciencia de alguien mucho más valiente que yo. Y mientras tanto giro la cabeza para otro lado y dejo que siga muriendo gente de hambre y de frío … es por mi culpa… y por la tuya. No lo dudes.

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