La tauromaquia en el siglo XXI. Adaptación a nuestro tiempo

Por todos es sabido que los tiempos cambian, la gente cambia y todo lo que nos rodea poco a poco va evolucionando, ya sea de una u otra forma, para bien o para mal. Por esto, creo que hay varios aspectos concretos en la tauromaquia actual que deberían cambiar o mejorar y que analizaré en este tercer y último articulo dedicado a la fiesta de los toros.

Plaza de toros de Las Ventas

El primero es el contacto entre el mundo del toro y el resto de la sociedad. Aunque va cambiando poco a poco, el primero siempre ha sido un mundo cerrado desarrollado en muchos casos en un ambiente oscurantista, generalmente por recelo y desconfianza. En mi opinión debe abrirse a quienes desean conocer más de él, pues es esta la mejor forma de generar interés en los aficionados más jóvenes. No digo que sea condición imprescindible, pero seria muy bueno que lo hiciera.

Hay una gran mayoría de gente que no acude a las plazas de toros, no porque esté en contra de la Fiesta, como intentan hacer creer algunos, sino porque no la entienden. En otras palabras, se trata de gente que no está ni a favor ni en contra, sino que podríamos denominar “neutral”. Yo ante el encaje de bolillos soy neutral, pues no la he practicado nunca, por tanto no estoy ni a favor ni en contra; aunque quizá si alguien un día me enseñara algo y me lo diera a conocer, quizá acabaría por gustarme. O quizá no, pero al menos tendría la oportunidad de decidir.

Una buena manera de hacer esto es promoviendo por parte de las ganaderías, eventos para dar a conocer el toro en el campo. Ver a este bello animal en su hábitat junto con las tareas de cría y desarrollo que conlleva es la mejor forma de admirarlo y conocerlo. A esto se le podrían añadir charlas y coloquios informativos llevados a cabo por críticos taurinos y gente del mundo del toro con todos, para todos y algo muy importante y que muchas iniciativas obvian: desde 0. Un coloquio puede estar muy bien organizado, pero si a alguien que no sabe a penas nada de tauromaquia escucha que “Un lote bien presentado y de buenas hechuras, aunque falto de casta y trapío hizo que ni siquiera Ponce pudiera hacer faena” probablemente desconecte al instante.

Toros en el campo

Los anteriores pueden denominarse problemas en torno a la fiesta, sin embargo he preferido dejar para el final cosas que deberían mejorarse desde dentro y que a mi juicio son más urgentes que las anteriores.

La primera es el afeitado de los toros. El afeitado de los pitones consiste en recortar la punta de estos para evitar que en caso de cogida el toro pinche o si ocurre no lo haga con gravedad. Esta práctica supone el cáncer de la fiesta, pues como ya puse en el primer artículo, el toreo es un enfrentamiento entre el toro y el torero, y como tal, al toro no se le puede privar de su principal arma. Por desgracia en algunas plazas se está convirtiendo en algo habitual, motivado generalmente por las exigencias de los toreros.

Toro afeitado Toro integro

La segunda, y no menos grave que la anterior, son los mal llamados festivales taurinos que tienen lugar en algunas localidades españolas. En estos una serie de toreros famosetes acuden a plazas de pueblos, lo que para dichas localidades tiene, en teoría, el aliciente de ver en estas a toreros que han estado en plazas importantes o han sido triunfadores en mejor época. Lo primero que ocurre en este caso es que estas figuras de plaza de pueblo venidos a menos quitan la oportunidad de foguearse en novilladas a jóvenes que salen de las escuelas taurinas, de modo que retrasan su evolución. Además, en dichos espectáculos se cuenta con la desidia y, en la mayoría de los casos, el nulo interés de los toreruchos, los cuales llegan, matan al par de novillos de turno cuanto antes y obviamente con el menor riesgo posible, se embolsan una desorbitante cantidad de dinero y se marchan a sus casas; vamos, todo ventajas. Aun así, la culpa no es de los toreros, sino de los alcaldes que contratan a dichos esperpentos.

José TomásHay muchas ocasiones en las que las plazas no se llenan, pero no por falta de afición como muchos intentan hacer creer sino porque, seamos honestos, a nadie le gusta ser engañado ni pagar por algo que sabe de antemano que no va a merecer la pena ver. Sin embargo, cuando las cosas se hacen bien y hay emoción, la gente acude a la plaza y estas se llenan, como ocurre cuando torea José Tomás o cuando hay un buen cartel. Sea donde sea; en Madrid, en Sevilla, en Pamplona o en Barcelona.

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alfonso

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