El aborto y el derecho a vivir.


– Artículo enviado por Holala –

embarazo

En un pasado no tan lejano, para abortar, no había otro solución para una mujer embarazada que recurrir a unos de los métodos chapuceros que se conocían entonces y que se practicaba de manera clandestina.

La mujer sola, o con la ayuda pecuniaria de una vecina, en la cocina poca o más bien nada aseptizada de una apartamento miserable, se veía introducir en la vagina una pompa de agua cuyo contenido era una solución liquida capaz de dañar de manera irreversible el feto: desde agua con jabón o lejía o incluso coca-cola. Hoy en día, en países donde el aborto es todavía ilegal se suele usar también insecticidas.

Otro método tampoco recomendable consistía en introducir una aguja para perforar la membrana. Por supuesto, ningún médico recomendaba esas prácticas por altamente peligrosas: Hemorragia, infecciones, embolia pulmonar, septicemia provocaba la muerte de la mujer en condiciones que prefiero no imaginar.

Es imposible conocer la cifra de mujeres que fueron víctimas mortales de abortos ilegales antes de su legalización. La cifra propuesta en un artículo de El País de 1985 habla de una cifra oficial de 47 muertas entre 1975 y 1979. El artículo pone en duda esta cifra con razón: por comparación solamente en Francia entre los años 1970 y 1972 se estima 47 muertas por año, casi 1 mujer por semana, una cifra mucha más elevada y todavía muy contestable. Si nos referimos a décadas anteriores, es fácil suponer que la mortalidad era mucha más elevada aun: la ausencia de información sexual sobre métodos anticonceptivos provocaba más embarazos no deseados y por consecuencia más abortos que se realizaban en condiciones de higiene muy pocos apropiados. Según “Francia bajo el régimen de Vichy” de Robert O. Paxton, se estima que en Francia antes de la Segunda Guerra Mundial había el mismo número de nacimientos que de abortos (aunque ilegal desde 1920).


asunto

En España, debido al peso de la Iglesia católica, de las leyes franquistas muy represivas, es imposible conocer cifras ni siquiera hacer una aproximación. Pero, visto que la píldora anticonceptiva fue ilegal hasta finales de 1978, solamente conviene pensar que la cifra era elevada.

Aunque no hay estadísticas fiables pero admitiendo que fuese una práctica común, el aborto clandestino ha debido ser durante años una de las primeras causas de mortalidad entre las mujeres en edad de procrear. En muchos países, no se despenalizo el aborto por otorgar más derecho a la mujer sino porque se reconoció un problema de salud pública, después de un gran movilización del movimiento feminista.

Eso generó una gran injusticia social: Mientras los países vecinos adoptaban una legislación menos severa, las clases sociales más ricas se podía permitir mandar a su hija preferida joven e inocente víctima de un sinvergüenza o a la chacha pervertida, atrevida e insolente a un aborto en el extranjero sin verse amenazados por la justicia de su propio país. Y mientras tanto, la hipocresía del señorito se paseaba los domingos hasta la puerta de la iglesia para volver absuelto de sus pecados y comer en familia, entre el obispo y un ministro de Franco sin cesar de defender las ideas más conservadoras acerca de la mujer.

Esos viajes para abortar eran una costumbre que se sigue practicando en países europeos y católicos como Polonia o Irlanda donde se calcula que 7000 mujeres abortan en Inglaterra cada año. Al menos en esos países, la situación no tiene consecuencias tan trágicas como en África y América del Sur donde todavía el aborto no está reconocido como un derecho.
Aun así, la legalización del aborto y reconocer el pleno derecho a las mujeres sobre su cuerpo y su vida está siento objeto de polémica tal como lo muestra la manifestación del próximo sábado, una manifestación y eslóganes más propios de la Inquisición que del siglo XXI.


4meses

Para terminar, recomendar dos películas, las dos ganadoras de varios premios cinematográficos internacionales sobre el tema: “4 meses, 3 semanas, 2 días” de Cristian Mungiu y “Un asunto de mujeres” de Claude Chabrol basado en un hecho real, la última mujer que fue condenada a muerte por practicar abortos, y por la anécdota grabada en mi pueblo natal.

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