El alcalde de Valladolid pillado “in fraganti” mientras fregaba los platos en casa.


Continúa la polémica en torno a Francisco Javier León de la Riva. Después de situarse como un adalid del machismo en Castilla gracias a su historial de declaraciones salidas de tono, tras conseguir su foto un hueco en las cabinas de los camiones entre el póster de Sabrina que regaló Interviú en los 80 y los recortes de prensa de Poli Diaz, y tras aparecer en Atapuerca los primeros grafitis de la historia de la humanidad en su misma de línea de pensamiento…. Resulta que todo era pura facha-da.

Gracias a un reportero del blog que estuvo escondido en las ramas de un árbol cercano a su domicilio durante una semana, alimentándose de larvas y huevos de gorrión, hemos obtenido los más escabrosos detalles sobre el controvertido alcalde de Valladolid.

No es oro todo lo que reluce. En casa del herrero, cuchillo de palo. A Dios rogando, y con el estropajo frotando. Estás tres perlas de la sabiduría popular se podrían aplicar a este alcalde que por lo que hemos visto se deja el bastón de mando en la puerta antes de entrar a casa.

No sólo friega los platos. Barre los suelos y plancha la ropa. A tenor de la febril pasión con la que ejecuta estas tareas al ritmo que marca el chasqueo de los dedos de su mujer, no descartamos que le toque ir a lavar la ropa al Pisuerga cuando se le rompe la lavadora. De hecho se comenta que hace unos meses se vio una señora sospechosamente alta, con un pañuelo en la cabeza y barba en su cara, frotando enérgicamente a la orilla del río un traje contra las piedras.

Que quede claro, en ningún caso queremos insinuar que el hecho de ayudar con las tareas del hogar puede ser una actitud criticable o digna de escarnio. Lo que sí es ciertamente humillante es como su esposa le ningunea quitándole el mando de la tele. El pasado domingo 24 de Octubre, pudimos observarle sentado en el sofá de casa junto a su mujer viendo cariacontecido el Canal cocina mientras Alonso ganaba el gran premio de Corea.

Aunque el verdadero escándalo podrían saltar si se confirma que el carnet que guarda en su mesilla de noche es de la U.D. Salamanca. Desgraciadamente la baja calidad de los prismáticos de nuestro compañero nos impide dar un 100% de fidelidad a este detalle. Lo que sí que está garantizado es que mientras besaba dicho carnet antes de acostarse se pudo leer claramente en sus labios como recitaba un “Pucela me la pela”.

Tras este reportaje de investigación, comprendemos un poco mejor la inexplicable actitud retrógrada de este buen hombre. Calzonazos en casa, ha ido generando una inquina hacía el género femenino que sólo puede sacar a la luz en público. Teniendo que fingir cada domingo en un estadio que para más inri se llama “Zorrilla” ha perdido su amor propio y voluntad. Y lo peor de todo, tras un pasado como ginecólogo en el que tuvo entre sus pacientes ilustres a Ana Botella, su visión del erotismo y la sexualidad se haya totalmente resquebrajada y maltrecha.

La frustración que se escapa por sus poros justifica en cierta manera el tinte de sus declaraciones. Las imágenes grabadas en su mente durante el ejercicio de su profesión médica justifican, en cierto modo, que los morros de Leire Pajín le sugieran pensamientos sexuales. Francisco Javier León de la Riva sería pues una víctima de su propio fracaso, un pobre desgraciado juzgado injustamente por los medios por sacar ante los micrófonos lo deberían haber puesto en el diván de su psiquiatra. ¡Animalico!

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