El rey nombra marqués a Del Bosque y conde a Chiquito de la calzada.


Frente a aquellas voces maledicentes que dudan de su pasión por el trabajo, nuestro monarca se ha puesto esta semana manos a la obra repartiendo títulos nobiliarios a diestro y siniestro.

Lo que podría antojarse como una labor sencilla digna de un notario, se ha ido complicando poco a poco, y al final se le ha acabado yendo de las manos.

Todo empezó con el dilema sobre quién merecía más el título de marqués: un escritor que ha ganado el premio Nobel o un entrenador que había ganado el mundial de fútbol. Pidió ayuda a la reina, pero no le fue muy útil, ella estaba más por la labor de conceder el título nobiliario a Puyol. Al final, ante la necesidad de tomar una decisión, y acuciado por sus obligaciones de abuelo tras marcharse sus hijos a la opera, el rey decidió convocar al consejo de nietos.

El título para el seleccionador fue cuestionado en un principio por la redundancia cacofónica que supondría durante los entrenamientos cuando practicase el tiro a puerta y la gente le dijese “que marques, marqués”. Pero finalmente la tilde diferenciadora y también que “El marqués del Bosque” a todos les sonaba fenomenal, porque parecía el título de un cuento sobre un niño que es abandonado en un pinar y criado por una familia de jabalíes, hizo que fuera votado por unanimidad.

Vargas Llosa estaba abocado a quedarse sin marquesado. Pero al pronunciar su nombre el rey con su nasalidad habitual algunos de los nietos más traviesos entendieron “Bragas rosas” lo que produjo además de cientos de risas, la generosidad del consejo y un nuevo polítono para su majestad.

Las carcajadas infantiles dieron alas a nuestro bonachón monarca que se soltó la melena y empezó a proponer títulos con el beneplácito de su entregada audiencia. Fue entonces cuando sugirió la idea de dar a Chiquito de la Calzada oficialmente el título de Conde mor, y aunque la mitad de su joven consejo no conocía al afamado humorista, una imitación de la patada chiquististaní por parte de Froilán consiguió el refrendo del resto.

A esas alturas el consejo enfervorizado gritaba “otra, otra, otra”, y el rey, que no puede negarle nada a los nietos , ha acabado concediendo más de doscientos títulos nobiliarios incluido un ducado para “El Duque” y un condado para David Bisbal, que podrá ser llamado a partir de ahora el Conde del Cairo. El famoso cantante y generador de opinión ha afirmado que aprovechando que la multitud está reunida en la plaza de Tahrir, se presentará por sorpresa a dar un concierto de agradecimiento e intentara, cual flautista de Hamelín, que le sigan hasta las pirámides para que dejen de estar tan vacias. Tras las últimas declaraciones del bien intencionado artista algunos arqueólogos se muestran preocupados porque a la esfinge se le puede caer la cara de vergüenza. Representantes del agonizante gobieron egipcio han propuesto también cortar el acceso a internet al cantante por lo que pudiera pasar.

En la aparición en que anunció los nuevos títulos, el rey aclaró a la prensa que no hay razón para preocuparse por su exceso de generosidad en estas concesiones pues no llevan asociada ninguna paga. De hecho dijo exactamente que para las arcas del estado son menos peligrosas estas dádivas nobiliarias que la fertilidad de su hija Cristina.

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  1. Paco
    9 febrero, 2011

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