Diferencia entre voto en blanco, voto nulo y abstención



Mejor tarde que nunca. Ante la llegada de las elecciones autonómicas y municipales del próximo Domingo día 22, se hace imprescindible saber la diferencia entre los distintos tipos de voto “protesta”. Cuando sabes a quien votar no hay problema, éste llega cuando no lo tienes claro, o todo lo contrario, lo tienes muy claro y ese es el problema.

Para ello os dejo la definición, lo que significa y lo que implica cada uno de los 3 votos que puedes ejercer cuando no encuentras a nadie que te represente y además pretendes transmitir tu malestar. Hay que destacar que cualquiera de estos 3 votos, en blanco, nulo o la abstención favorece siempre a los mismos, a los partidos mayoritarios. Luego reflexiona.

Voto en blanco

Se considera votar en blanco cuando se acude al colegio electoral (o se vota por correo) y se deposita en la urna un sobre que no contiene ninguna papeleta. El voto en blanco es fruto de una reflexión sobre la clase política, normalmente de un ciudadano concienciado que se esfuerza en trasladar su poco interés por la oferta electoral. Es decir, acepta el sistema, pero no le convence ninguna de las formaciones que concurren

Voto nulo

La legislación se ha endurecido en este aspecto y ahora se considera nulo el voto que no tenga sobre o el que teniéndolo contenga más de una papeleta de distintas candidaturas. También se consideran nulos aquellos en los que se modifique, añada o tache el nombre de los candidatos, o en los que aparezca cualquier alteración intencionada, como una raya o una expresión. Todas estas prohibiciones afectan tanto a la papeleta como al sobre. Los votos nulos no tienen ninguna consecuencia electoral. No suman, pero se podría decir que crean mala imagen para el ganador de las elecciones.

Abstención

La abstención es la alternativa de los más descontentos, de aquellos a los que no sólo no convence ninguna opción política, sino que no comulgan con un sistema que consideran poco representativo. También es la opción de los desapegados, de aquellos que sienten que, voten o no, las cosas van a seguir igual, y por lo tanto, no ‘pierden su tiempo’ en acudir al colegio.

La abstención y la no participación es lo mismo. Es decir, supone no introducir ninguna papeleta en una de las dos urnas -la autonómica o la local- o no ir al colegio electoral. No obstante, aunque las cifras de abstención suponen a veces la mitad del electorado, la ley considera los resultados legítimos, incluso si están avalados sólo por un 30% de los votantes. No está claro a quién beneficia o perjudica la abstención, si bien los estudios detectan que suele afectar más al votante de izquierda, que se moviliza menos.

¿Qué es la Ley D’Hont?

Esta fórmula, que data del siglo XIX, determina el reparto de escaños en el sistema electoral español. Se basa en una sistema de asignación proporcional que busca garantizar la representación de las minorías territoriales, para lo que ‘premia’ la concentración de votos. Así, termina favoreciendo a los grandes partidos nacionales y a los nacionalistas, en detrimento de las formaciones pequeñas.

Especialmente elocuente resulta el caso de Izquierda Unida, formación que con casi un millón de votos (repartidos por todo el territorio nacional) sólo cuenta con dos escaños, frente a los 11 de CiU (774.317 votos) o los cinco del PNV (303.246). Partidos como el BNG (209.000 votos) o Coalición Canaria (164.000) tienen los mismos escaños que la coalición liderada por Cayo Lara, pese a que el número de sufragios registrado es ostensiblemente inferior.

Fuente | ElMundo

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