Ponga un EMAR en su vida…


Me vais a permitir dejar de lado el humor hoy, para hablar de algo mucho menos serio: la vida.

Me apetece. Desde que ayer por la tarde se hizo pública la noticia no he dejado de curiosear por periódicos, blogs e incluso, sin que sirva de precedente, Facebook. Hacía mucho tiempo que no leía a tanta gente que se expresaba desde las vísceras, tantas opiniones (compartidas o no) tan auténticas, y tantas verdades subjetivas.

Así, cuando la gente habla desde el corazón, da gusto sentarse a ver el mundo, aunque no se comprenda.

Sentarse ayer a a ver el mundo era, para mí, tratar de empatizar con cada comentario por muy poco cuerdo que me pareciese inicialmente. Y así fue como empecé a darme cuenta que cuando la gente escribe con el corazón se le sale el pasado por los poros y se les humedecen las sienes con gotas de la memoria.

Es curioso, todos, absolutamente todos querían/queremos disfrutar las mieles de la paz del presente, pero todos, absolutamente todos las amargaban/ amargábamos en mayor o menor medida con retazos de memoria.

Y llegué a la conclusión que a lo mejor el mundo sería mejor sin tanto pasado. Y me acordé, defecto profesional, de un proyecto que implantaron en mi empresa para borrar aquellos correos que no habían sido abiertos durante un periodo de tiempo superior a tres meses, el EMAR.

Y pensé, por qué no podremos poner un EMAR al mundo. Por qué tenemos que odiar, amar, reír, llorar, o, en definitiva, vivir en base a hechos que ya ocurrieron. En base a recuerdos que morirán con nosotros.

Y pensé, a lo mejor porque soy un optimista radical, que me gustaría vivir en ese mundo sin recuerdos mayores de tres meses. Y que conste que no soy sospechoso de falta de apego al pasado. Pero leyendo opininiones sobre el fin de la violencia de ETA, empecé a pensar que quizás la memoria es algo sobrevalorado.
Soy nostálgico hasta la medula. Pero podría dejar de serlo, a cambio de un mundo con EMAR.

Sin recuerdos de más de tres meses, la paz habría llegado antes a Euskadi, y tardaría menos en instaurarse definitivamente y sin escepticismos. Sin recuerdos de tres meses, sin rencores antiguos ¿no sería más posible la paz en Oriente Medio?

Siendo más banales (o menos quizás). ¿No sabrían mejor los besos?

No habría relaciones acomodadas en privilegios ganados en el pasado, no habría relaciones ensuciadas con resentimientos. Escuchar sería una necesidad, y aprender un modo de vida. No habría “pseudoamigos” porque cuando alguien te importase no dejarías que pasaran tres meses sin verlo para no perderlo para siempre. Y si no te importase… simplemente desaparecería.

En definitiva, si puede, ponga un EMAR en su vida. Y si no por lo menos mire sólo hacía delante, el único lugar donde las cosas pueden cambiar… a veces incluso a mejor.

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2 Comentarios

  1. MªAngels
    25 octubre, 2011
  2. chuscurro
    26 octubre, 2011

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