Paul Auster, Manhattan is yours, mi tiempo también (y II)


Hola de nuevo. Siguiendo con mi recapitulación de esta novela de Auster y ahora que sabemos de qué título se trata vamos ir un poco más allá en su lectura. Veremos si conseguimos hacer que el bueno de Paul venda algún ejemplar más de uno de sus relatos más inquitantes, “El país de las últimas cosas”

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“Las consecuencias resultan muy curiosas, a menudo son lo contrario de lo que esperas. La verdadera desesperación puede convivir con el ingenio más asombroso; surgen la entropía y el florecimiento. Como quedan tan pocas cosas, ya no se tira casi nada y han encontrado aplicaciones para materiales que antes despreciaban como basura. Todo esto tiene que ver con una nueva forma de pensar. La escasez conduce la mente hacia nuevas soluciones y uno se descubre dispuesto a abrigar ideas que antes nunca se le hubieran ocurrido. Tomemos el ejemplo de los desperdicios humanos, literales desperdicios. Aquí las instalaciones sanitarias ya no existen, las tuberías se han corroído, los inodoros se han roto y tienen pérdidas, el sistema de cloacas hace tiempo que desapareció. Para que la gente no se las arregle como pueda y disponga de sus heces de cualquier modo, lo que pronto conduciría al caos y a epidemias, se ha creado un sistema por el cual una patrulla nocturna de recogida de desperdicios recorre cada barrio. Pasan por las calles tres veces al día arrastrando y empujando sus máquinas oxidadas sobre el pavimento ruinoso, haciendo sonar campanas para que la gente del barrio salga a la calle y vacía sus cubos en el depósito. El olor, por supuesto, es insoportable, y cuando el sistema se puso en marcha los único que querían hacer este trabajo eran prisioneros, a los cuales se les ofreció la dudosa opción de una sentencia más larga si rehusaban y una más corta si aceptaban. Sin embargo, las cosas han cambiado desde entonces y los “fecalistas” ahora tienen el estatus de funcionarios públicos y se les concede una vivienda equivalente a la de la policía. Es lo más justo, supongo; si este trabajo no tuviera alguna ventaja, ¿por qué iba a hacerlo alguien? Esto demuestra lo competente que puede llegar a ser el gobierno bajo ciertas circunstancias. Cadáveres y mierda; cuando se trata de desterrar los peligros para la salud, nuestros administradores son verdaderos romanos en su organización, un modelo de lucided y eficiencia.”

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