Paul Auster, Manhattan is yours, mi tiempo también


Hola a todos los visitantes de este blog. Hoy me encuentro con fuerzas (al fín) de dejar un pedacito de una de las novelas de Paul Auster, un autor del que muchos han oído hablar pero pocos han leído (hablo de mi entorno); por el momento no diré el título ya que mi idea es incluir 2 o 3 pasajes de cada una y desvelarlo al final.

Aquellos osados que acudan a Google para buscar el título, haciendo un paste del texto, no creo que sean merecidos lectores de la obra Auster, aunque quizás sí sean, sin saberlo, los que más beneficio obtengan devorando sus libros. Porque casos se han visto… y los que quedan por verse!

Otras muertes son más dramáticas. Están los “corredores”, por ejemplo, una secta que corre por las calles a la mayor velocidad posible, sacudiendo los brazos de una forma salvaje, golpeando el aire, gritando con todas sus fuerzas. Casi siempre van en grupos, seis, diez, incluso veinte, arrojándose juntos a la calle, sin hacer un solo alto en el camino, corriendo y corriendo hasta caer de agotamiento. La cuestión es morir los más pronto posible, forzarse a sí mismo hasta el punto en que el corazón no pueda más. Los corredores dicen que nadie se atrevería a hacer esto en solitario. Al correr juntos, cada miembro del grupo es arrastrado por los demás, animado por los gritos, conducido al frenesí de una resistencia autodestructiva. Resulta irónico, pero para poder matarse corriendo, primero hay que entrenarse para ser un buen corredor, de lo contrario nadie tiene la fuerza para llegar lo suficientemente lejos. Los corredores, sin embargo, sufren una ardua preparación antes de alcanzar su destino y si se caen antes de llegar a ese destino, saben cómo levantarse de inmediato para proseguir. Supongo que es una especie de religión. Tienen varias oficinas en la ciudad, una en cada una de las nueve zonas censadas, y para unirse a ellos es necesario cumplir una serie de complicados requisitos previos: aguantar la respiración debajo del agua, hacer ayuno, poner la mano en la llama de una vela, no hablar a nadie durante siete días. Una vez que uno ha sido aceptado debe someterse a las reglas del grupo, lo cual supone de seis a doce meses de vida comunal, un programa estricto de ejercicios de entrenamiento y la reducción progresiva del consumo de alimentos. El individuo está preparado para la carrera de la muerte en el momento en que alcanza, de forma sinmultánea, su mayor grado de fortaleza y debilidad. En teroría podría correr indefinidamente; pero, al mismo tiempo, el cuerpo ha consumido hasta sus últimos recursos. Esta combinación produce el resultado deseado: el día señalado, uno sale temprano con sus compañeros y corre hasta que logra escapar de su cuerpo, corre y grita hasta que remonta el vuelo fuera de sí mismo. Por fín, el alma se escabulle hacia la libertad, el cuerpo cae al suelo y uno muere. Los corredores proclaman que su método resulta infalible en más del noventa por ciento de los casos, lo cual significa que casi nunca es necesario repetir la carrera de la muerte.”

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3 Comentarios

  1. De Cabo
    9 junio, 2007
  2. Ikeisenhower
    9 junio, 2007
  3. gotardo
    25 junio, 2007

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