“Me llamo Rojo”, arte, cultura y magia de la mano de Orhan Pamuk


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A veces, entre tanta lectura de reciclaje,  es posible verse sorprendido con un libro diferente. Jamás había leído nada parecido, ya no hablo de calidad o de entretenimiento, si no de darme el placer de compartir una semana con un objeto cuyo contenido me ha dejado huella y además sin esperarlo.
Tengo que deciros la verdad, leí  una breve sinópsis en la que se hablaba de un misterioso asesinato en la Turkía del renacimiento y la portada sirvió de guinda para que me animara a leerlo. Sin embargo no es lo que me esperaba, nada que ver con las novelas históricas de transfondo pseudo religioso, llenas de intrigas imposibles.  Nada de personajes poco creibles que aterrizan sin fe en medio de las páginas y que repiten su función intimidados por la contrariedad que despiertan en el lector.

En “Me llamo Rojo” es como si todos estuvieran allí cuando Orhan se puso a escribir sobre la historia, tan solo pidió permiso a sus protagonistas e hizo de escriba tras el consentimiento de cada uno de ellos, relatándonos los acontecimeintos desde el punto de vista de cada cual y tejiendo la trama de forma que el desenlace siguiera su curso natural.

No había leído con anterioridad nada de Orhan Pamuk pero dicen que ésta, su última novela, es la que más ha cautivado y, con diferencia, la más reconocida de toda su obra.  Yo también me he sentido cautivado y el reconocimiento que le debía desde hace un par de meses se lo estoy pagando ahora, escribiendo este artículo para él y para vosotros.

Os dejo un par de estractos del libro.

Un saludo

 “¿Habeis podido deducir quien soy por mi manera de dibujar un caballo?.

En cuanto oí que se me pedía que pintara un caballo me di cuenta de que no se trataba de un concurso sino de que querían identificarme por el caballo que dibujara.  Sé perfectamente que los borradores de caballos que había hecho en papel basto se habían quedado en el cadáver del pobre Maese Donoso.  Pero no tengo el menor defecto ni estilo por el que puedan encontrar quién soy observando los caballos que he dibujado. De eso estoy tan seguro como se puede estar, pero, no obstante, me dejé llear por el nerviosismo mientras lo dibujaba. Cuando hice el caballo del Tío, ¿pintaría algo que pudiera denunciarme? Ahora debía pintar uno diferente.  Pensé en cosas completamente distintas, me contuve y no fui yo mismo.”

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“Como podéis ver, mis colmillos son tan puntiagudos y largos que a duras penas me caben en la boca. Sé que me dan un aspecto terroble, pero me gusta. En cierta ocasión, un carnicero dijo observando su tamaño:-Caramba, esto no es un perro, es un jabalí.

Le mordí de tal manera en la pierna que sentí en la punta de los colmillos la dureza del fémur allá donde terminaba su grasienta carne. Nada resulta tan placentero para un perro como hundir los dientes en la carne de un repugnante enemigo con una furio y una pasión que te vienen de dentro. Cuando se me aparece una oportunidad así, cuando una víctima digna de ser mordida pasa estúpidamente ante mí, la mirada se me oscurece de puro placer, siento un doloroso rechinar de dientes y, sin darme cuenta, de mi garganta comienzan a surgir esos gruñidos que tanto miedo os dan.”

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One Response

  1. Eduardo
    10 julio, 2011

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